Los resultados electorales deben ser tomados siempre en la debida perspectiva

En tal sentido, el mensaje del electorado constituye una reprimenda sumamente fuerte para el partido que está actualmente al frente del gobierno y, en contraste, un endoso de gran significación para el principal partido de la oposición.
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A medida que la democracia va avanzando en su ruta educativa e instructiva de las conductas políticas y sociales se hace cada vez más evidente el imperativo que tienen todos los actores que se mueven constantemente dentro de ella de ir reconociendo de manera consciente y responsable que aquí de lo que se trata es de aprender para servir y de reconocer para construir. Porque la democracia, por esencia y por destino, es justamente eso: una tarea siempre en marcha, que se va midiendo conforme al cumplimiento progresivo de los propósitos básicos. En tal sentido, cada elección popular, del tipo que sea, constituye una prueba valorativa sobre lo que cada quien hace o deja de hacer dentro del rol que le corresponde según la posición orgánica que circunstancialmente ocupa. Y así tanto los que ejercen el gobierno como los que ejercen la oposición van pasando de manera periódica la prueba de la voluntad ciudadana expresada en las urnas.

En ese marco, las elecciones legislativas y municipales que tuvieron lugar el pasado domingo constituyen, por los resultados que empezaron a hacerse evidentes de inmediato, un muestrario muy elocuente de lo que la ciudadanía está pensando y sintiendo sobre el desempeño de cada uno de los competidores. En tal sentido, el mensaje del electorado constituye una reprimenda sumamente fuerte para el partido que está actualmente al frente del gobierno y, en contraste, un endoso de gran significación para el principal partido de la oposición. Pero hay que tener claro, en ambos casos, que de lo que se trata es de asignar responsabilidades muy precisas a los aludidos para que el desempeño institucional corresponda a lo que la ciudadanía demanda y espera de la dinámica del proceso.

El FMLN ha tenido un retroceso electoral sin precedentes desde que se incorporó a la competencia democrática; y ARENA ha recibido un levantón también sin precedentes en el pasado reciente. En otras palabras, lo que el electorado viene a recordarles a dichas fuerzas es que se acabó la comodidad de lo previsible y hay que responder con todo en el día a día a los compromisos que las fuerzas políticas tienen con el país. También hay un mensaje para los partidos más pequeños, cuyo rol en la nueva legislatura debe ser más consistente con lo que el país necesita, en vez de centrarse en las conveniencias partidarias.

Ahora viene un período breve pero intenso en el que se juntarán muchas cosas delicadas y decisivas: la campaña para los comicios presidenciales de febrero próximo, la elección por mayoría calificada de funcionarios decisivos en áreas de la máxima importancia, el manejo del crítico problema financiero, la interacción entre la Asamblea y los otros poderes del Estado, entre otras. Lo peor que podría ocurrir es que venga el entrampamiento sin salidas. Las lecciones del 4 de marzo tienen que empezar a operar de inmediato, para que no vayan a convertirse en trampas para nadie. Lo que la democracia nos está diciendo a todos es que no consiste en un forcejeo estéril sino en un ejercicio inteligente. El electorado lo entiende muy bien.

Tenemos que estar todos muy pendientes de lo que vaya pasando de aquí en adelante, con la confianza en que el proceso nacional seguirá en su avance.

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