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Los salvadoreños de este preciso momento tenemos que autorreconocernos en el presente, sin enclaustramientos del pasado y con aperturas hacia el futuro

El sentir ciudadano se halla cada día más posesionado de sí mismo, y eso le abre horizontes nuevos a nuestra democratización.

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David Escobar Galindo

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Una de las situaciones más persistentes dentro de nuestro desenvolvimiento como sociedad y como institucionalidad es la que se refiere a esa especie de desconcierto ante los hechos que se van presentando en nuestra dinámica progresiva. Sabemos por experiencia cotidiana, que no requiere ninguna constatación especial, que todo en la vida es un flujo, y por consiguiente nada se mantiene estático por la propia naturaleza del devenir. Sin embargo, ese dinamismo permanente sí demanda atención dilucidadora, porque tal proceso no es ni podría ser mecánico, ya que se trata de experiencias humanas en cadena, con múltiples componentes de voluntad y de falta de voluntad, tal como lo demuestran los efectos que van quedando al paso del tiempo. Los seres humanos tenemos destino, y eso significa que somos potencialmente capaces de orientarnos conforme a planes de vida que pueden ser más o menos conductores.

Dicho lo anterior, muy difícilmente se puede esconder el hecho de que en todo caso somos seres de responsabilidad; y la responsabilidad principal es hacia nosotros mismos, en clave personal y en clave colectiva. A este último plano –el de la responsabilidad colectiva– hay que ponerle una atención muy particular, sobre todo porque en los tiempos más próximos ha ido quedando crecientemente en evidencia que las flaquezas y los desajustes de tal responsabilidad son una fuente de incertidumbres que pueden llegar a ser insoportables y aun incontrolables.

En el título de esta Columna hablamos de autorreconocimiento en el presente, y al aplicar dicho término a la cuestión de la responsabilidad colectiva lo que nos surge de inmediato es un imperativo de naturaleza superior: los salvadoreños tenemos que conocernos en lo que somos y en lo que queremos ser; y por efecto inmediato de ello, reconocernos prácticamente para que el conocimiento pueda integrarse a la realidad como factor decisivo. Nada de esto es opcional, como ha sido el falso criterio imperante entre nosotros desde siempre: se trata de una tarea comprensiva y propiciadora que determina al final de cuentas todo lo demás.

Preguntémonos entonces, para que no haya dudas: ¿Los salvadoreños nos conocemos como tales, desde el ayer hasta el presente y desde aquí hacia el futuro? Y la respuesta sincera tendría que ser un no condicionado. ¿Condicionado por qué? Porque lo que en verdad nos falta, y nos ha faltado endémicamente, es racionalizar dicho conocimiento espontáneo, para que opere como plan de vida. Y es justamente plan de vida lo que nos ha faltado y aún nos falta, en todos los órdenes, comenzando por el orden político e institucional.

La ciudadanía está en el centro de toda esta dinámica, y el que las fuerzas políticas y los entes institucionales no lo hayan entendido y reconocido así nos ha conducido a este momento, que es una transición con múltiples interrogantes y a la vez con variadas perspectivas. El sentir ciudadano se halla cada día más posesionado de sí mismo, y eso le abre horizontes nuevos a nuestra democratización. Visualicemos desde aquí lo que en verdad está ocurriendo en el escenario nacional, para evitar dramatizaciones confusionistas y proyecciones distorsionadas.

¿Cuál es el factor que más puede mover a la ciudadanía? La confianza en el proceso. ¿Y cuál es el factor que mejor puede fortificar dicha confianza? La apertura hacia los aires nuevos en un mundo que se transversaliza sin cesar. Para precisar las cosas con datos específicos que son propios del día acudamos a la más reciente encuesta de LPG Datos. Aunque hay signos dubitativos y algunas reservas circulantes, lo que la ciudadanía mantiene es la confianza en que vamos por el buen rumbo. Muchos podrán poner gesto de duda al respecto, y aun de duda despectiva; pero lo cierto es que la ciudadanía quiere confiar, y lo hace principalmente en su capacidad de avance. Los hechos irán dando la pauta, pero hay que reconocer que hoy no es el pesimismo lo que impera.

Por otra parte, el hecho novedoso de que en la referida encuesta la mayoría de los encuestados se ubique en la posición "neutral", es decir, ni de "derecha" ni de "izquierda" ni de "centro", es un signo innovador respecto de las petrificaciones ideológicas que han imperado por tanto tiempo en todas partes, y desde luego también en nuestro ambiente, hasta parecer espontáneas e insuperables. Hoy estamos en una nueva época, y agradezcámosle a nuestra evolución histórica que sea así. No hay que clavar los ojos en la inmediatez, sino extender la mirada hacia adelante. Tenemos condiciones sin precedentes para ello. Reconozcámoslas, aprovechémoslas, cultivémoslas con todo lo que nos ofrecen. No perdamos ni un solo minuto en lo intrascendente.

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