Lo más visto

Los salvadoreños debemos escoger bien a los que nos gobiernan y pedirles cuentas en forma sistemática

Desde hace algunos meses estamos en expansiva tensión electoral por efecto de los comicios enlazados de 2018 y 2019. Pasaron ya las elecciones legislativas y municipales de 2018, y sus resultados han dejado a todo el mundo con la boca abierta.
Enlace copiado
David Escobar Galindo / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

David Escobar Galindo / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

Enlace copiado

Y es que la reprimenda que le dio el electorado al partido gobernante no tiene precedentes; y el desconcierto del partido que recibió los mayores beneficios de tal reprimenda también es muy revelador. Los llamados partidos pequeños también tuvieron lo suyo, y hoy, en el nuevo equilibrio de fuerzas dentro de la legislatura que viene, al partido ARENA, que tiene 14 diputados por encima del FMLN, le bastará entenderse con GANA o con el PCN para lograr la mayoría simple, que es la necesaria para decidir en casi todos los puntos en agenda.

A lo largo del pasado recordable, nuestra sociedad vivió al margen de las disposiciones del poder, aunque la democracia haya estado presente como una ficción disfrazada de realidad. Los salvadoreños íbamos a las urnas, pese a que las decisiones que se materializaban en las mismas estuvieran determinadas de antemano. Esto conviene traerlo a cuento, no para llorar sobre las cenizas sino para que no se nos olvide de dónde venimos y dónde estamos. Allá a comienzos de la octava década del siglo XX, el autoritarismo tradicional colapsó por su cuenta, y la democracia emergió entonces también por su cuenta; pero en verdad es la ciudadanía la que ha ido emergiendo como una fuerza ya inocultable. Esto lo podemos constatar en el día a día, y es una presencia que hace cambiar todo lo que teníamos sabido sobre el accionar político.

Todavía no hay en el ambiente la suficiente conciencia generalizada sobre lo que significa elegir a los que van a tomar a su cargo la conducción nacional durante un período determinado, y por eso los salvadoreños vamos a las urnas sin hacernos cargo de las facultades y las responsabilidades que al respecto nos competen. Pero estamos avanzando en la ruta, y hoy al menos ya no somos presencia ficticia. Nos manifestamos con voz o con silencio identificables, y el 4 de marzo es un hito que quedará marcado en el tiempo. Desde luego no basta con dar señales en ocasiones determinadas: habría que hacer sentir que la voluntad ciudadana es siempre el medidor más decisivo. Avanzamos en esa vía, y ahí hay que concentrar toda la atención necesaria, porque de lo que se trata es de ir reorientando el proceso hacia sus metas más sensibles.

Elegir bien a los que van a hacerse cargo de la labor de gobernar no puede ser un simple juego de simpatías ni de palabras al vuelo: la sabia selección tiene que tener como base la constatación de que los elegibles reúnen las condiciones infaltables para desarrollar un trabajo efectivo en todos los órdenes. La personalidad es el punto de partida, porque en ella se concentran todas las expectativas del comportamiento. Se necesita que haya lucidez, sensatez, equilibrio y proyección. ¿Y cuál debería ser el método idóneo para calibrar todo ello en una persona determinada? Un método que conjugue los datos concretos con las intuiciones que surjan de dichos datos. No se pretende que el elector sea un técnico; basta con que despliegue sus antenas, así se trate de ciudadanos muy sencillos, que con frecuencia son los que más perciben.

A partir del 1 de junio de 2019, es decir dentro de 14 meses, los salvadoreños tendremos un nuevo Presidente de la República. Y aunque el esquema presidencialista tradicional viene evolucionando como tal hacia más apertura, aún la figura presidencial es un centro de las más importantes decisiones sobre la ruta del país y sobre la conducción dentro de la misma. Al ser así, y más en la coyuntura actual, muy pronto se sabrá si el elegido es el que convenía. Y en todo caso, también de inmediato habrá que empezar a pedir cuentas de la gestión por las vías que se abren cada vez más. Esto último es de seguro el mejor estímulo y el más eficaz acicate para hacer las cosas como debe ser. Lo que esperamos es que el desempeño en marcha vaya siendo progresivamente satisfactorio, como lo merecemos todos.

Lee también

Comentarios