Los siempre sospechosos, los de siempre discriminados

Durante el 2015 tuve la oportunidad de conocer a distintos jóvenes provenientes de asentamientos precarios de Antiguo Cuscatlán y Santa Tecla.
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Durante una visita a la Comunidad El Tanque, en Antiguo Cuscatlán, junto a otros voluntarios de TECHO, profundicé en conocer a un par de los jóvenes, a quienes llamaremos Carlos y Luis, de 23 y 16 años, respectivamente.

Carlos actualmente no estudia. Él vive en una pequeña vivienda compuesta por mampostería, lámina y piso de tierra. Luis asiste a la escuela Walter Thilo Deininger y su casa es similar a la de Carlos. Hablamos de la comunidad, la escuela y los maestros, la falta de empleo en la zona, los sueños, etc.

Un tema que profundizamos fue el de la relación entre los jóvenes de El Tanque, la Policía y la delincuencia.

Me contaron como ellos se perciben discriminados por el hecho de vivir en esa comunidad. “Cuando un robo o algo malo sucede en la zona nosotros somos siempre los primeros en ser sospechosos, alguien tiene que pagar los platos rotos por lo malo que pasa por estos lados”, me indicó Carlos.

Pregunté, ¿por qué la agarran con ustedes? Luis contestó: “A mí me bajan a puros macanazos o me pegan con el fusil en las costillas. Eso duele bastante. Uno termina todo morado. En varias ocasiones me han dicho si soy marero y yo les digo que no porque de verdad no lo soy, pero me pegan más. Me dicen que confiese de qué mara soy o que si no me van a llevar preso”.

Luis terminó diciendo que todo es algo normal ya para ellos, se han acostumbrado.

Tal situación se repite en otros asentamientos aledaños a la zona. ¿Debería convertirse esto en algo normal para ellos? ¿Realmente estamos siendo una sociedad inclusiva? ¿Nos hemos convertido en ciudadanos que discriminamos a otros solo por creer que debemos ser represivos con aquellos que parecen sospechosos por sus condiciones económicas o sociales?

Con seguridad podríamos decir que lo que viven estos jóvenes no lo viven aquellos residentes de las zonas exclusivas de los mismos municipios, por razones que se reducen a variables socioeconómicas.

La situación no es normal, atenta contra la dignidad humana y demuestra que el rumbo que estamos tomando es incorrecto y excluyente.

Nos rasgamos las vestiduras ante la problemática de la violencia pero no consideramos que la discriminación, en especial de los jóvenes, los empuja a exponerse más ante los factores de riesgo que comprenden su entorno: familias disfuncionales, falta de oportunidad de empleo, educación deficiente, ausencia de servicios básicos, delincuencia, etc.

El sueño de Carlos es poder culminar sus estudios de mecánica automotriz. Como sociedad no estamos dando los mínimos para que eso suceda.

¿Qué hacer? Carlos dio una respuesta: “no necesito que me amenacen para no convertirme en marero. Si en lugar de rechazarme cada vez que pido trabajo por el lugar donde vivo, me brindaran la oportunidad, sé que saldría adelante”.

En TECHO tenemos la convicción de que esta situación puede cambiarse si la sociedad asume un papel inclusivo, dejando a un lado diferencias políticas, religiosas y sociales que desembocan en la discriminación y la fragmentación social. Es hoy y en este lugar donde podemos concretamente transformar la realidad.

Tags:

  • delincuencia
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