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Los temas prioritarios de país deben estar en la agenda política de todos

Los planes de gobierno al viejo estilo, que son racimos interminables de propuestas menudas, ya no tienen funcionalidad en el presente: hoy lo que habría que estructurar y presentar son líneas de acción que se integren en una agenda ordenada y calendarizada, a fin de que ninguna cuestión básica quede fuera.
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Estamos en plena campaña electoral, tanto en lo que se refiere a los inminentes comicios municipales y legislativos de 2018 como en lo que corresponde a la elección presidencial de 2019. En ambos casos hay expectativas de alta intensidad. Esto hace que el ambiente esté inundado de posiciones y de planteamientos políticos de la más variada índole, que van desde temas de interés puramente local y comunitario hasta cuestiones de carácter nacional. A lo largo del tiempo, la problemática de país viene estando presente de modo progresivo en el diario vivir de los salvadoreños, y eso ha determinado que al respecto el debate público venga siendo más dinámico y abarcador. Como es natural, en períodos electorales dicho debate gana mayores espacios de atención ciudadana, con las oportunidades de visualización analítica que eso trae consigo.

Desafortunadamente, la experiencia acumulada en los sucesivos eventos electorales que se vienen dando en el curso de esta prolongada etapa de posguerra muestra una muy escasa articulación entre lo que se dice y lo que se hace. Específicamente en el área del desempeño presidencial, aún estamos muy atados a un presidencialismo que requiere mucha actualización y modernización para poder salir de los trillados moldes tradicionales. Lo que debe impulsarse, entonces, es un reciclaje de concepciones y de posiciones en todas las agrupaciones políticas, más allá de sus respectivas líneas ideológicas, y a la vez un compromiso claro y cierto en la línea de establecer mecanismos de verificación del cumplimiento de lo que se promete y de lo que se propone.

En estos momentos, lo verdaderamente significativo para el proceso del país sería que lo que se estuviera discutiendo sobre todo dentro de la campaña presidencial que ya se mueve en la atmósfera política fuera el conjunto de temas prioritarios que la realidad misma va poniendo en evidencia. Dichos temas son ya conocidos por todos, pues están palpitando sin tregua en el vivir cotidiano de los salvadoreños; pero no basta conocerlos en forma de vivencia testimonial sino que es preciso identificarlos en forma de programa de trabajo, que es precisamente lo que deben presentar a escrutinio los diversos aspirantes a conducir la dinámica nacional.

Los planes de gobierno al viejo estilo, que son racimos interminables de propuestas menudas, ya no tienen funcionalidad en el presente: hoy lo que habría que estructurar y presentar son líneas de acción que se integren en una agenda ordenada y calendarizada, a fin de que ninguna cuestión básica quede fuera.

Esta es hora de hacer todos los esfuerzos conducentes a que el debate político esté seriamente enlazado con el debate ciudadano, cada uno dentro de su respectivo espacio, pero interactuando de manera constante. Ya pasó el tiempo en que los políticos hablaban y los ciudadanos simplemente oían. En esta etapa de nuestra evolución democrática lo que hay en crecimiento es una especie de diálogo constante entre el sujeto representado, que es la ciudadanía, y el sujeto representante, que son los actores políticos. Esto nos pone a todos en posición a la vez propositiva y receptiva, como debe ser.

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