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Los tentáculos de la criminalidad se han venido infiltrando en las estructuras institucionales, y eso hay que corregirlo de inmediato

Es preciso aplicar diversos tratamientos de limpieza, tanto dentro como fuera de las instituciones. Y es en verdad la sociedad en su conjunto la que debe asumir sin tardanzas ni miramientos el proceso de su depuración definitiva, que desde luego tiene que ir de la mano con los contenidos y con los tiempos de la evolución.
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Cada vez se han venido presentando más evidencias de las diversas formas de infiltración que padece la institucionalidad nacional por parte de los elementos activos del crimen organizado, que hoy está presente en prácticamente todos los espacios que le interesa penetrar. Esto es consecuencia directa de la expansión criminal que se vive, y el hecho de haber ido dejando que las cosas se agravaran progresivamente sin poner a tiempo los frenos debidos ha potenciado el repliegue institucional y a la vez el avance del accionar agresivo de la delincuencia. A estas alturas, nos encontramos al respecto en una situación verdaderamente calamitosa, y la urgencia de tomar medidas realmente eficaces ya no puede esperar más, tal como la ciudadanía lo demanda con creciente impaciencia y malestar.

Los destapes de las infiltraciones criminales en el campo de las instituciones se hacen cada vez más frecuentes y evidentes. Ahora mismo se acaba de hacer una masiva captura de implicados en una red de funcionarios y empleados que cometían actos de corrupción judicial, y que comprende a jueces, fiscales, ex fiscales, secretarios de juzgados, colaboradores jurídicos y agentes policiales, dedicados a filtrar información que pudiera serles útil en el manejo de sus procesos a acusados de diversos delitos. Como vivimos una época en que la organización criminal está contaminándolo prácticamente todo, aquí tenemos otro ejemplo vivo de lo que puede estar pasando o pudiera pasar en los diversos espacios de la vida pública.

Como es patente, desde cualquier ángulo que se vea el desenvolvimiento de los hechos tal como hoy se presentan, estamos en una zona crítica de nuestra dinámica evolutiva propia, y uno de los requisitos básicos para poder avanzar con posibilidades de éxito hacia el futuro es el saneamiento de la institucionalidad y la erradicación progresiva de la criminalidad actual. Ambos factores van íntimamente enlazados en el acontecer cotidiano, como lo demuestran a cada paso las situaciones que se dan a diario.

Es preciso aplicar diversos tratamientos de limpieza, tanto dentro como fuera de las instituciones. Y es en verdad la sociedad en su conjunto la que debe asumir sin tardanzas ni miramientos el proceso de su depuración definitiva, que desde luego tiene que ir de la mano con los contenidos y con los tiempos de la evolución. Toda improvisación resulta dañina, a la corta y a la larga, como la experiencia nos enseña de manera sistemática.

Hay en la actualidad instituciones y funcionarios que están en esta línea reconstructiva, como la Fiscalía General de la República y como la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia, que siguen concretando aportes sin precedentes en esta ruta correctiva; pero esto se da en medio de grandes resistencias y de no pocas maniobras de coerción, por lo cual deben estar siempre alertas los mecanismos de preservación de la legalidad y aseguramiento de la probidad. Y en ese esfuerzo continuo la ciudadanía tiene un rol determinante al máximo, según puede ser constatado en el curso de los sucesos.

Esta es una lucha de largo aliento que tiene que ser asumida en forma metódica y sin desvíos ni vacilaciones. Es la suerte del país y de toda su gente la que está en juego, y para que el juego funcione para bien una institucionalidad sana es componente insustituible.
 

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  • institucionalidad
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  • ciudadania
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