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Los tribunos

Un día de estos caminaba por las calles de la ciudad cuando me encontré con dos contertulios y compartimos una amena charla.
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 Dentro de los temas hablamos de los señores diputados de la Asamblea Legislativa y los tribunos de la antigua Roma, de su función y representación; y me llevé ese encargo reflexivo, lo primero que hice fue consultar en mi orondo diccionario la palabra diputado, y dice: “Persona nombrada por un cuerpo para representarlo”.

Un tribuno en la actualidad su mejor credencial debe ser una exquisita elocuencia, no confundirla con hablar rápido. Hay que tener capacidad de improvisación, lo que se llama ser “repentista”, y parafraseando una anécdota histórica de Abraham Lincoln: “Le dijeron que tenía dos caras y contestó: ‘Si tuviera dos caras ¿estaría usando esta?’” Conocer un poco de Aristóteles, Platón, Sócrates, entre otros.

Cuántos no quisiéramos estar sentados en esas curules, con esos aires acondicionados, sillones acolchonados, pisos alfombrados, rótulos luminosos, vestidos con esos ternos muy elegantes, con suculentos salarios que dan deseos de vivir eternamente.

La convivencia con la población y la necesidad de espacio es buena, unos son ceremoniosos de caminar pausado, con cierto ceceo, de insondable personalidad; otros de silente mirada analítica, persuasiva, casi hipnótica; otros son generosos, se les ve chinear niños, abrazar ancianos, regalar láminas, piñatas, posar para una fotografía con saludos de carroza y difundirla en las redes sociales. Es encomiable esa iniciativa de favorecer a la gente, estoy de acuerdo, pero nos dejan acostumbrados.

Un recomendable sería crear microempresas en sus departamentos para ser recordados por potenciar el emprendimiento y fomentar puestos de trabajo. Ocupar un cargo de diputado no está exento de una inquina de alguien que no comulga con sus ideas, que otrora estuvo en esos menesteres y sueña con retornar, y como decimos en El Salvador se ha quedado “rascando tierra” y censuran a los actuales.

Voltaire decía: “Debe ser muy grande el placer que proporciona el gobernar, puesto que son tantos los que aspiran a hacerlo”. Robert Greene en su libro “Las 33 estrategias de la guerra” dice: “Es propio de la naturaleza humana aborrecer la sensación de impotencia y procurar el poder. Cada vez que dos personas o grupos interactúan, hay un constante forcejeo entre ellos para definir la relación, para determinar quién tiene el control sobre esto y aquello”.

Necesitamos un debate de altura con propuestas conciliadoras con lenguaje mesurado y atildada postura, dejar de lado la invectiva matonesca y no estar en esas grescas de “tuits”.

En ocasiones a la gente le atrae el espíritu combativo, pero desdice de las cualidades de un funcionario de alta laya. Hay que dar gracias a Dios que en nuestro querido El Salvador el respeto a la integridad física es admirable, no ha habido jaleos de puñetes, como en otros países, donde han demostrado todo su arsenal pugilístico.

En otro orden de cosas, pasaba por el hospital y un endeble anciano me preguntó que si la anatomía de un diputado era diferente al resto de los seres humanos para necesitar asistencia especial, me quedé inmutado, no le contesté, reflexioné, desconozco el metabolismo de los diputados. Los salvadoreños estamos a merced de sus decisiones, esperamos atinados acuerdos y prudente norte.

Como colofón, no he visto a mis dos contertulios que les fascina hablar de política, con la complicidad de ser su impenitente oyente y terciar de vez en cuando.

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