Lugar de destino

Cuando la embarcación tocó tierra en el pequeño muelle, los tripulantes, reunidos en cubierta, tuvieron, sin decírselo, la sensación de que el viaje había llegado a su punto culminante.
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Comenzó la tarea del desembarque, sin ninguna novedad evidente. El capitán lo observaba todo, con gesto curiosamente emocionado. Estarían ahí por un par de días, según el calendario preestablecido. Luego, lo normal sería seguir la ruta, con las estaciones del caso, hasta el arribo final. Pero al llegar el momento de la partida, el capitán no se hizo presente. Todos los tripulantes estaban desconcertados. Era algo inusitado, porque el conductor principal siempre había sido la disciplina en persona. Menudearon los murmullos interrogantes y especulativos. Desde que el capitán había sido víctima de algún ataque alevoso hasta que había huido entusiasmado con una joven del lugar. Transcurridas algunas horas fueron a dar parte a las autoridades, sin poder aportar ningún dato cierto. Éstas recibieron la noticia como si fuera algo común, y aunque ofrecieron hacer las pesquisas del caso, no pareció que tomaran en serio la cosa. Uno de los tripulantes se atrevió a preguntar: “¿Ha pasado algo así recientemente?” El oficial lo miró con gesto casi compasivo: “Ustedes saben dónde han atracado, ¿verdad? Este puertecillo se llama Nostalgia. Los sentimentales nunca salen de él...”

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