Lunes 16 de julio 2012

<p>A estas alturas lo más seguro es que la Corte Centroamericana de Justicia (CCJ) aparezca con una resolución gallo-gallina sobre la demanda interpuesta por el presidente de la Asamblea Legislativa contra la Sala de lo Constitucional por haber declarado ilegal la elección de magistrados a la Corte Suprema de Justicia de 2012.</p>
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Lunes 16 de julio 2012

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<p>Una resolución gallo-gallina no es lo mismo que una resolución ecléctica, más bien sería lo más cercano a una bayuncada. Que si, que no, que talvez, que quien sabe.</p><p>&nbsp;</p><p> Si después de haberse debatido y clarificado hasta la saciedad que la CCJ no tiene competencia para revisar o cuestionar las sentencias de la Sala de lo Constitucional, esta apareciera dándole la razón a la Asamblea, no cabe duda que a continuación se produciría una ola de opiniones encaminadas a que El Salvador se apreste a hacer efectiva su denuncia a ser parte de dicha Corte. Este sería el fin de la CCJ.</p><p>&nbsp;</p><p>El problema que a esta hora enfrentan los jueces de la CCJ y sus asesores es que ya generaron expectativas en los partidos que representa el presidente de la Asamblea y también en el presidente de la República (quien se fue de boca bastante a la ligera intentando legitimar la esperada sentencia). Hoy todos corren el riesgo de quedar colgados de la brocha.</p><p>&nbsp;</p><p>Los efectos que provocó en la opinión pública el desplante de aprendices de dictadores, exhibido el primero de junio en las instalaciones de la Corte Suprema de Justicia, y además la encomienda, que parece haber traído al presidente la doña que retomó la casona de Santa Elena, serían señales suficientes para que cualquier político criollo, alumno mal aplicado de dictador, ponga su arma en remojo.</p><p>&nbsp;</p><p> El lunes 16 de julio no sucederá nada en particular, la Sala de lo Constitucional seguirá teniendo quórum legal y legítimo. Si los magistrados de 2016 se niegan a constituir Corte Plena con los magistrados de 2009 peor para ellos.</p><p>&nbsp;</p><p> Para qué Ovidio Bonilla y los caciques de los partidos (que lo consideran presidente de la Corte Suprema de Justicia) salgan de dudas, a partir del 16 de julio, el señor Bonilla debería de firmar, el propio 16, algún documento “en su calidad de presidente” con su “Corte” y de esa manera podrá enterarse cuantos funcionarios públicos, ciudadanos, entidades privadas y extranjeras le reconocen su “investidura” como presidente de la Corte Suprema.</p><p>&nbsp;</p><p> La sensatez indica que los partidos deben dialogar para que la Asamblea retorne al cause constitucional, para que el presidente de la República se dedique a lo suyo, que los cuatro magistrados de la Sala de lo Constitucional estén prestos a tender la mano amistosamente, sin revanchas, a los otros dos poderes y que los ciudadanos estemos “ojo al Cristo”.</p>

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