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Luz amarilla

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Rafael Ernesto Góchez / Colaborador de LA PRENSA GRÁFICA

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Centroamérica vuelve a estar en el tablero de la geopolítica mundial. En la segunda mitad del siglo XX se llamó “guerra fría” (EUA vs. URSS), la cual tuvo altos costos para los salvadoreños. Hoy, en el siglo XXI, la región vuelve a tomar valor estratégico para dos potencias comerciales y militares (EUA y China Continental). Este nuevo episodio ha tomado por sorpresa a varios actores salvadoreños (por estar viendo el árbol y olvidarse del bosque) a sabiendas de la ubicación geográfica de Centroamérica y de su cercanía con el país más poderoso del mundo. Recuérdese que hay temas calientes entre Centroamérica y EUA (crimen, narcotráfico y migración), los cuales suelen considerarse asuntos de seguridad nacional para EUA.

El Salvador tiene décadas de tener un bajo nivel de inversiones y necesita fortalecer sus lazos comerciales con América, Asia y Europa. Una de las fallas de El Salvador es que muchos de sus dirigentes siguen enfrascados en la “guerra fría” (capitalismo vs. comunismo), lo cual se expresa en la mutua desconfianza entre el partido oficial y el sector empresarial. El letargo salvadoreño se constata en el hecho de que tuvo EUA que encender la “luz amarilla” sobre la iniciativa de China Continental en Centroamérica, para que dicho tema adquiriera relevancia.

Desconcierta que El Salvador desconozca los movimientos geopolíticos en la región y se enrede con las señales transmitidas por la diplomacia norteamericana. Una cosa es clara, Centroamérica es una zona de influencia estadounidense y cualquier inversión estratégica de otra potencia mundial que se promueva en el istmo enciende la “luz amarilla” (precaución). Consiguientemente, se presentan tres reflexiones para contribuir a la sensatez.

Reflexión 1. Estar –sin un plan de país– en medio de una contienda geopolítica y comercial de nivel planetario es una irresponsabilidad. Esta situación se torna de alto riego para El Salvador por los potenciales efectos de las medidas antiinmigrantes (más deportados y menos remesas de EUA) en una economía dolarizada y con modestas exportaciones.

Reflexión 2. Pretender ignorar que el crimen tiene de rodillas al país y atraer inversiones sin una efectiva estrategia para derrotarlo es una negación. Una acción coordinada consiste en aplicar la ley, mejorar el clima de inversión y generar empleos productivos a nivel local.

Reflexión 3. Sanear y transparentar las finanzas públicas es un requisito para generar confianza entre el GOES y los inversionistas. Es ilógico suponer que un país tan conflictivo y cortoplacista sea capaz de aumentar sostenidamente las inversiones extranjeras directas.

Conclusión: las incoherentes declaraciones de varios dirigentes salvadoreños ante el avance de China Continental en Centroamérica y la explícita reacción de EUA confirman que no se tiene una visión de nación. Uno de los efectos de esta falla –en un contexto electoral– es el auge de la retórica ideológica y la maniquea división de amigos y enemigos. Conviene, entonces, que El Salvador recapacite, elabore y ejecute lo siguiente: (1) un plan de país, (2) un programa de inversiones de largo plazo en infraestructura, (3) una estrategia de atracción de inversiones generadoras de empleo local y (4) una plataforma centroamericana de cooperación para aprovechar las oportunidades que brinda el entorno internacional.

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