Maestros naturales

A estas alturas de la existencia, a mí no me cabe duda alguna de que no hay mejor maestra que la Naturaleza en vivo. Tuve la gran suerte –que nunca me cansaré de agradecerle a la Providencia– de haber vivido en el campo durante buena parte de la niñez y de la adolescencia. Allá en el cantón San Nicolás, un poco al norte de Apopa, junto a las vegas del río Las Cañas y en las inmediaciones del cerro El Sartén, mis iniciales experiencias de vida estuvieron marcadas por la íntima cercanía de los cuatro elementos esenciales: la tierra, el aire, el fuego y el agua.
Enlace copiado
Maestros naturales

Maestros naturales

Maestros naturales

Maestros naturales

Enlace copiado
Tierra fértil y tierra polvorienta; aire libre y aire sigiloso; fuego sideral y fuego de fogones; agua corriente y agua goteante. Y a esto último quiero ponerle más atención en las líneas que siguen. La finca donde yo vivía iba extendiéndose hacia el occidente desde la calle vieja que se dirigía a Chalatenango. Aún no existía la Troncal del Norte, que luego dividió la finca en dos.

Allá en camino del lindero occidental existía una cueva llamada El Salto, cubierta de vegetación, en cuyo centro había una caída de agua que se estancaba en una poza, a la que llegábamos los habitantes de los alrededores a refrescarnos. A izquierda, empotrado en el paredón, se abría el recipiente natural del ojo de agua, del que se sacaba el líquido para el consumo. Estuve mil veces en esa poza y frente a ese hilo goteante.

El doble juego del agua, que cumplía su función en forma impecable, me enseñó la disciplina profunda de los fenómenos naturales. Y la moraleja del caso: a nuestro alrededor hay siempre un abanico de lecciones para la vida, que no provienen de los libros sino del quehacer de cada día, y por eso están a disposición de todos.

Tags:

  • naturaleza
  • chalatenango
  • agua
  • aire

Lee también

Comentarios

Newsletter