Maestros, tiempo de planificar, que no les gane la improvisación

El 18 de enero los estudiantes llenarán las aulas. Quince días antes, los maestros están preparando la bienvenida a los alumnos y preparándose para dar lo mejor de sí.
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Maestro, aun en las peores circunstancias, planifica tu trabajo: con pizarrón o sin él, con pupitres arruinados, con aulas inhóspitas, si no tienes internet y nunca has tenido y es imposible tener, si no llegan las ayudas estatales, si no te envían los alimentos para los estudiantes, si estás agobiado por la violencia... pero tienes enfrente a 10 o 100 estudiantes con los que iniciarás el año, estás, como profesional de la educación que eres, en la obligación de planificar tu trabajo.

Es importante, por ejemplo, entender que la escuela es una especie de instancia donde los ciudadanos del mañana aprenden a relacionarse con los demás y aprenden, además, las normas y valores que rigen a la sociedad. Al mismo tiempo, la escuela es el lugar idóneo donde los estudiantes junto a los maestros reflexionan, analizan, plantean críticas y proponen transformaciones sobre esas mismas normas y valores establecidos.

Pero, además de formar en ciudadanía, también es importante orientarlos hacia alcanzar capacidades productivas, de ahí la importancia de que en la escuela se dominen los principios básicos de la ciencia.

Cada asignatura tiene la búsqueda de competencias específicas: Los Estudios Sociales deben ofrecer al estudiante fórmulas adecuadas para el análisis de la problemática social, Investigación de la realidad social y el fomento de la participación crítica y responsable en la sociedad. La Matemática ofrece fórmulas para resolver problemas a través de la práctica del razonamiento lógico-matemático; Lenguaje da el instrumental necesario para que los estudiantes sean entes comunicativos que adquieran y ejerciten las habilidades de aprender a escuchar y hablar; de leer y escribir. Ciencia, Salud y Medio Ambiente, por su parte, proporciona las habilidades de observación y aplicación de procedimientos científicos.

Además, hay que orientar al niño y al joven a que adquieran una percepción estética del mundo, que aprendan a admirarse de la grandeza del mundo y del universo; de la maravilla del orden y de la organización desde lo micro hasta lo más grande que existe en la tierra y fuera de ella. Que adquieran ese amor de ciudadanos del mundo y de ciudadanos de este país.

Estas son ideas extraídas de los programas de estudio vigentes que deben estar presentes a la hora de planificar.

Formar buenos salvadoreños implica, entonces, la combinación de estos dos elementos: formar futuros ciudadanos y formar entes productivos. Dos objetivos que no deben perderse de vista en toda la actividad diaria que se realiza en la escuela.

Como dice el papa Francisco, hay que trabajar lo cotidiano sin perder de vista la visión de largo plazo.

Estos mínimos son indispensables que deben servir de base para la planificación de la práctica pedagógica y formularse objetivos integrales y claros en la formación de los estudiantes. La planificación no debe verse como una obligación, es una necesidad. Todo ser humano se plantea objetivos en la vida.

Con tu creatividad puedes utilizar todos los modelos posibles de planificación que ya conoces; pero no permitas que la improvisación se imponga en tu quehacer como profesional de la educación.

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