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Magnífico, señor presidente

El coscorrón que le dio al viceministro de Transporte por no estar realizando el trabajo necesario, para evitar hechos como el del conductor de autobuses Ricardo Antonio Morales, que “asesinó” (término de un medio informativo) a Rosa María Calero de Chávez, al arrollarla después de que esta le reclamó por haberle golpeado su vehículo y, valientemente, pararse frente al mastodonte para impedir, ilusamente, que el chofer se largara.
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La respuesta del funcionario regañado fue la de siempre: irse por las ramas, sin, ni de lejos, acercarse a la raíz. El nombre que se le dio a la operación puesta en práctica por las autoridades suena draconiano: “Cero tolerancia”. Parecía que al fin se terminarían casos como los que mencioné en el estudio “Accidentes de tránsito: Inmensa tragedia humana y mojigatería oficial”, publicado por la Asociación de Universidades Privadas de El Salvador (AUPRIDES), en el que separé las fatalidades viales por el automóvil que las causa, diciendo sobre los buses que recordar, aunque fuesen las más notables que habían ocasionado, sería extremadamente largo. Mencioné varias espantosas, de los que el caso de Morales-Calero de Chávez solo es una monótona repetición, y recalqué la ocurrida el 16 de enero de 2002 en Tacuba, donde un transporte con 27 años de antigüedad, llantas en pésimo estado y peor mantenimiento, mató a 22 personas e hirió a 28.

Recordé allí que el mismo día en que el viceministro de Transporte anunciaba que se depuraría a los choferes de buses, dándoles un carné y creando un banco de datos sobre su récord de trabajo, uno de ellos masacró a un niño en la colonia Atlacatl, causando un tierno cuanto inútil desfile de niños, pidiendo respeto para sus vidas. Si de contribuir a la seguridad en el tránsito se trata, el carné no sirve absolutamente para nada. Irónicamente, el propio 13 de marzo en que se inició la altisonante acción para castigar a los no portadores del carné, revisando a más de 800 y sancionando a 35, se informó de dos personas muertas arrolladas, de ellas ¡otra vez! un niño de siete años. Conste, la policía no sospecha de los sempiternos buseros, sino de automovilistas particulares. O sea que al concentrarse en el transporte público, el operativo tiene poco efecto. Quien ponga la cabeza en la guillotina de las carreteras, sabe que los peores abusos, de los que solo Dios salva, son cometidos por las rastras.

Las soluciones a implementar, vengo repitiéndolas desde hace años, no inventándolas, sino tomadas de respetabilísimos autores de derecho de automotores y de leyes extranjeras. En la imposibilidad, quizás innecesaria, de citar aunque fuesen párrafos escogidos, recuerdo algunos títulos y sus fechas: “Sancionar drásticamente para evitar los graves accidentes de tránsito” (17-6-96); “Los asesinos motorizados y los asesinos armados deben tener igual pena” (31-7-96); “Medidas legales para controlar la delincuencia, incluyendo los accidentes de tránsito” (2-9-02); “Medidas legislativas para prevenir los accidentes de tránsito” (2-1-02); “Mano súper dura contra los delincuentes de tránsito” (5-5-04); “Reformas necesarias en materia de tránsito” (14-2-07); “Morir por voluntad de Dios, no de un busero” (7-11-07).

Para no citar más, rememoro las palabras finales del último. Una cosa es fallecer por obra del Señor y otra “por la criminal irresponsabilidad de un busero, que mató a ocho y lisió a 83 personas”, y salió triunfante con solo pagar $325 por tres muertos. “De nuevo emerge a la luz la ineptitud de las autoridades de tránsito… Y la grosera injusticia de nuestras leyes penales”.

Tags:

  • evitar hechos
  • puesta en practica
  • notables

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