Malas señales provenientes de la Corte

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Hace unas semanas dijimos en esta columna, que independientemente de las personas sobre las que había recaído la elección de magistrados de la Corte Suprema de Justicia, el CEJ esperaba que pronto se iniciara la reconstrucción de la afectada autoridad institucional de la Corte, advirtiendo que ello solo sería posible si se dejaban de lado posiciones personalistas y partidarias en el seno de la misma Corte y si se ejercía la magistratura con probidad y absoluta independencia; las primeras señales que hemos recibido no son muy alentadoras.<p>En primer lugar, porque al parecer hay heridas que no cierran y aún se percibe cierto grado de animosidad entre los magistrados, lo cual naturalmente provoca que no se aborden con sensatez los importantes asuntos que compete decidir a Corte Plena. Y en segundo lugar porque ha quedado completamente claro que el apoyo de partidos políticos a los magistrados cuya elección había sido declarada inconstitucional, así como las vigilias y actos de violencia de los sindicatos que promovían la desobediencia a las decisiones de la Sala de lo Constitucional, ha comenzado a pasar factura.</p><p>Como si se tratase de exigir el pago de un servicio contratado, el Sindicato de Trabajadores del Órgano Judicial ni siquiera esperó que el nuevo presidente de la Corte terminara de asimilar la responsabilidad de su incipiente cargo, cuando ya estaba requiriendo la aprobación de aumentos al sueldo de los empleados judiciales, la entrega de un bono económico nada despreciable, la remoción de gerencias de la Corte y otras exigencias más.</p><p>Y como si se tratase de un deudor que intenta pagar en tiempo sus obligaciones, en las primeras sesiones de la nueva Corte, esta decide bonificar a los empleados del Órgano Judicial y contratar nuevos gerentes con incontestable involucramiento político partidista. Lo peor del caso es que todo apunta a que esto es solo un anticipo –quizá mínimo– de lo que terminará costando el apoyo que hoy se factura.</p><p>No existe ninguna forma de justificar el despilfarro de dinero en momentos de crisis en que el Gobierno no puede cumplir con sus obligaciones. Hemos llegado a niveles de endeudamiento alarmantes, el Gobierno no puede pagar a contratistas, no puede mantener los subsidios, no logra terminar de devolver los impuestos, acude a emitir papeles ante la carencia de liquidez y aun así, en la Corte se decide bonificar empleados que ya tienen remuneraciones bastante más elevadas que la mayoría de empleados y funcionarios públicos.</p><p>Precisamente por esto que ahora ocurre, el CEJ dijo en repetidas oportunidades que elegir a los mismos magistrados cuya elección había sido declarada inconstitucional, si en un momento determinado había sido una solución adecuada, la misma había dejado de serlo cuando quedó evidenciado el grado de compromiso adquirido por algunos magistrados con los grupos y partidos políticos que vitoreaban su elección. En tal escenario, la necesaria independencia judicial no encontraría cabida y es exactamente eso lo que está ocurriendo.</p><p>Al presidente de la Corte Suprema de Justicia debemos recordarle que recién había asumido su cargo, se comprometió públicamente a actuar ajeno a presiones e intereses políticos, y que aseguró que durante su presidencia pondría su mejor esfuerzo en generar un ambiente de cordialidad, entendimiento y respeto en el seno de la Corte; este es el momento de demostrar que sí puede conducir el Órgano Judicial de manera independiente, aunque no sea eso lo que se haya visto hasta el momento.</p><p>Por último exhortamos a todos los magistrados de la Corte a dejar de lado actitudes conflictivas que en nada abonan a la eficiente administración de justicia; hay que reconstruir las relaciones que pudieron haberse roto y comenzar ya a recuperar el prestigio de la institución.</p><p>&nbsp;</p>

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