Mañana habrá elecciones, pasado mañana la vida sigue su curso

Este día pensemos en el día que viene, con urnas abiertas; pero no dejemos de pensar a la vez en los días siguientes, que serán muchísimos antes de la nueva elección.
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La política tiene perfectamente aprendida la habilidad para hacer creer y sentir que de ella depende todo lo demás en el vivir y en el devenir de los pueblos, en cualquier tiempo y lugar. No se puede dudar razonablemente, desde luego, de que el quehacer político influye decisivamente en la suerte de los fenómenos psicoculturales y socioeconómicos de todas las sociedades imaginables; pero eso no significa que sea la única clave del destino personal y comunitario. Tenemos, pues, como ciudadanos, que ponerle constante atención a la política en todas sus manifestaciones, pero sin descuidar el enfoque sobre la diversidad de los factores que tienen directa incidencia en el destino de cada sociedad en particular; y en la nuestra como espacio donde se desenvuelve nuestra vida individual y colectiva.

Mañana, 1 de marzo, los salvadoreños iremos a ejercer el sufragio, como cada vez que nos lo permite y nos lo ordena el calendario electoral en vigencia. El momento tiene, en todo sentido, características muy particulares, y los ciudadanos tenemos que estar debidamente conscientes de que es así, para saber responder de manera apropiada a lo que las circunstancias demandan. El tema clave en el momento presente es la correlación de fuerzas. Los salvadoreños tendríamos que estar conscientes de que dicha correlación es básica para que el país pueda funcionar como la realidad requiere, de aquí en adelante. Lo saludable para el país y su proceso es que ninguna fuerza partidaria pueda imponer su voluntad, bien por propia cuenta, bien por interesados arreglos de coyuntura. La salud y la proyección del proceso dependen en gran medida de ello.

Sin duda, este domingo será una fecha significativa en nuestro calendario democrático, y muchas ansiedades comprensibles están en juego. Puntos muy específicos, como el conteo de votos, tienen a las fuerzas contendientes en vilo y a la ciudadanía a la expectativa. Todos estamos atentos a lo que viene en unas horas y a lo que se avecina en los días por delante. En momentos como este la sensación que prevalece es que se está jugando la suerte de todo lo que venimos acumulando en el curso del proceso nacional. Relativamente es así, pero sólo muy relativamente. En realidad, hay novedades relevantes en el procedimiento electoral que se ponen en práctica por primera vez, y eso asusta e ilusiona al mismo tiempo. En todo caso, hay que animarse a confiar en la salud fundamental del proceso y en la voluntad nacional de hacerlo avanzar.

La política importa, por supuesto; pero más debe importar la realidad, porque esta, además, cuestiona constantemente tanto a los políticos como a la ciudadanía. Y la realidad salvadoreña está cada vez más urgida de respuestas, tanto políticas como ciudadanas. Pese a que los defectos y los vicios del pasado siguen incidiendo de manera obstructiva en todos los mecanismos de la vida nacional, tenemos que tener presente, como signo estimulador de la confianza en la fortaleza de nuestro proceso evolutivo, que es cada vez más difícil que las viejas prácticas tanto políticas como socioeconómicas se mantengan en pie tranquilamente. Esto lo estamos viendo y percibiendo en el día a día, y no parece que pueda haber retroceso al respecto. Tal evidencia debe servir de estímulo para trabajar en todo lo que falta por hacer en el país.

Tendría que dársele vuelta al orden de los factores: en vez de depender de la política para activar soluciones habría que hacer que la política esté siempre al servicio de la solución de problemas. Para lograrlo es indispensable cambiar el chip fundamental de la política como práctica nacional. Hacer que la política deje de ser autoservicio de los que la ejercen en directo para asegurar que cumpla con la función que le corresponde: servir al conglomerado.

Afortunadamente, ahora vienen tres años de descanso electoral. Hay que aprovechar ese tiempo para trabajar en serio, hacia adentro y hacia afuera de los partidos. Y ojalá que en ese tiempo se pueda consensuar un nuevo calendario electoral, a fin de que los tiempos de gestión legislativa y electoral se extiendan, siempre que se cuide de dejar elecciones de mitad de período presidencial, para no se vayan a estimular las siempre perversas concentraciones de poder.

Este día pensemos en el día que viene, con urnas abiertas; pero no dejemos de pensar a la vez en los días siguientes, que serán muchísimos antes de la nueva elección. Y pensémoslos analizando, definiendo, decidiendo y actuando, como corresponde en una práctica democrática que no deje dudas sobre sí misma. La política pertenece, en primer lugar, a los ciudadanos. Esta es la norma básica de la democracia realmente tal.

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