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Mañas salvadoreñas

En El Salvador existen mañas muy típicas que hacen parte de nuestro diario vivir. Son mañas con un grado de cinismo que asombra cada día más. Y muy a pesar del malestar y de la desesperación que producen, por lo general, las aceptamos, impávidos y resignados.
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Mañas salvadoreñas

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La maña de “hacerse el loco”. La publicación de El Faro del martes 29 de noviembre revela que la Asamblea Legislativa concedió recientemente a la Asociación para el Desarrollo Económico y Social de las Municipalidades de El Salvador (APDEMES) 550 mil dólares para un programa de prevención de violencia en siete municipios. Sin embargo, no solamente en esos municipios no hay constancia del trabajo realizado sino que también el presidente de la Asamblea Legislativa afirma desconocer que su esposa e incluso algunos de sus “asesores” pertenecen a esa organización. La falta de indignación por parte de los diputados de la Asamblea Legislativa demuestra que lo más probable es que sea una práctica histórica común y compartida por todas las facciones de dicha institución.

La maña de “vivir en el engaño”. Frente al cuestionamiento de incrementos injustificados de su patrimonio, los acusados por corrupción e incluso sus familiares demuestran asombro y descaro. Los imputados no solamente no lo admiten, pero también declaran que puede haber malicia en dar a conocer la información de los casos. Su defensa es de argumentar persecución política y/o acto de venganza. Frente a esos alegatos, es de preguntarse si en realidad la corrupción no es un hecho ya normalizado porque en ningún momento manifiestan pena o vergüenza.

La maña de conservar el “statu quo”. Manteniéndolo desigual y desequilibrado. Continúa la política de los “parches” para tapar crisis que no solventan los problemas de fondo. Se mantienen: la grasa del Estado, el otorgamiento de plazas a personas incompetentes y desprovistas de integridad, la regresividad del sistema tributario, la falta de equidad, la evasión y elusión fiscal, los salarios mínimos indecentes, los servicios públicos de baja calidad, etcétera.

La maña del “chantaje”. Es decir una manipulación para que sean tomadas decisiones de acuerdo con intereses particulares en detrimento del interés general. La referencia a un sistema tributario menos regresivo con la aprobación de impuestos indirectos tales como el predial y de patrimonio (que existen en casi todos los países desarrollados) genera sentimientos de indignación. La evocación de medidas represivas en contra de los evasores (que distorsionan la economía del país) también genera sentimientos de indignación. Aumentos minúsculos son considerados cuando se trata del salario mínimo. Entre 4.5 % y 5 % por año (si es aceptado el ultimo acuerdo del Consejo Nacional del Salario Mínimo). El salario mensual del sector agrícola pasaría a $124.11 para llegar en 2018 a $136.83. Sin embargo, cuando se trata del escalafón de salud que sugiere un aumento anual mucho mayor y que es declarado como insostenible en el tiempo, dicho aumento no genera los mismos sentimientos (¿será por los réditos electorales y/o por ser recursos del Estado?). Las justificaciones del “chantaje” abundan: pérdida de competitividad, de productividad, salen a la luz pública potenciales escenarios apocalípticos de terror con cierre de empresas y fuga de capitales de inversión hacia fuera, etcétera.

Estas mañas socavan aún más la credibilidad y el respeto de la ciudadanía con relación a la “política” del país. Su remplazo por valores de integridad, solidaridad, justicia y equidad cambiaría el futuro del país. Hasta ahora, es de realizar que no estamos emprendiendo ese camino. Si queremos un cambio, dejemos de resignarnos.

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