Mantenemos el pronóstico y ¿luego?

Esta semana, al mismo tiempo que se mantuvo la reunión de la unión de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) “Cambio estructural para la igualdad”, la Secretaría Técnica de la Presidencia de El Salvador comunicó que mantiene optimistamente el pronóstico de crecimiento, en el país.
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Mantenemos el pronóstico y ¿luego?

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<p>El crecimiento pronosticado del 2% se mantiene. ¿Qué significa esto? Con una calculadora multiplicamos la cantidad del valor agregado de los bienes y servicios producidos por 1.02. Lo cual no es malo porque podría ser peor, podríamos no crecer.</p><p>Pero no es lo suficiente. De acuerdo con la base de datos de la CEPAL, el crecimiento promedio económico en los últimos 10 años (2001 a 2011) es de 1.9%, muy por debajo del promedio de la región latinoamericana (3.5%).</p><p>El récord de la Inversión Extranjera Directa atraída por nuestro país, es solo el 4% de la región centroamericana, la formación bruta de capital ha crecido el 1.7%, la pública y la privada solo 1.4%, en la última década.</p><p>Lo que quiere decir que el efecto de la liberación de la economía en la balanza de pagos (que permite dejar entrar mercancías y capitales) ha funcionado más bien del lado de las importaciones, lo que ha hecho que el crecimiento de déficit de la cuenta corriente represente el 4% de la producción nacional en la última década.</p><p>Crecer económicamente, además, no es lo suficiente si este crecimiento está por debajo del crecimiento de la población en edad a trabajar, el mal llamado “bono demográfico”.</p><p>Este grupo etario (de 15 a 60 años) es el contingente que crece más (2.1 % contra el 0.43% de la población total, de acuerdo con las proyecciones de CELADE, revisión 2011), lo que quiere decir que cada vez se crece más rápidamente la gente que sería capaz de trabajar y más lentamente lo que producimos. Es decir, en términos de productividad no parece haber mejora, además los sectores que generan más empleo no son solo los enclavados con la economía mundial, sino más bien empleos de bajo nivel agregado como el comercio (23% de los empleados).</p><p>A esto se le añade que lo que tenemos es que hay estancamiento en bastante malas condiciones laborales: solo uno de cada cuatro trabajadores salvadoreños está afiliado al ISSS (EHPM, 2010) y a esta desprotección podemos sumarle un retracción de los salarios reales.</p><p>Quiero creer –al final sí soy optimista– que puede haber un cambio estructural, como plantean. ¿Pero cuál va a ser el cambio estructural? ¿La inversión en dónde y en qué sectores? ¿El Salvador tiene las condiciones para establecer ese cambio estructural virtuoso que propone la CEPAL? Lo esencial, plantean, para esto es la política industrial y la inversión. ¿Quién invierte? Pues ni los nacionales ni los extranjeros. Todas las fórmulas para atraer inversión extranjera no han sido muy exitosas y, tampoco tenemos el margen de que el Estado se ponga invertir (endeudado como está) y además a tener una política social activa, como plantea este cambio cepalino.</p><p>En todo caso, el margen de maniobra de nuestro optimismo económico es demasiado exiguo, se nos dice que el país es más estable que lo que creemos. Pero quizás estar establemente en esta situación es algo bueno, una crisis “estable”. Más bien es una característica estructural propia de un tipo de desarrollo aditivo, donde hemos ido montando los modelos de desarrollo encima de la misma estructura anterior, basada en la desigualdad.</p>

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