Marie-Chantal Cassagnou

Con mucho esfuerzo desarrolló la Casa de la América Latina en Región Auvergne Rhone Alpes y fue un motor en la organización de las Fiestas Consulares en Lyon.
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Ingeniero consultorEs difícil encontrar a un salvadoreño que haya vivido algunos meses en Lyon y en la región Auvergne Rhone Alpes de Francia y que no haya conocido a la señora Marie-Chantal Cassagnou, cónsul honoraria de El Salvador en esa región francesa.

Pocas son las personas que hayan desarrollado un cariño tan grande y tan desinteresado por El Salvador y hayan entregado años de servicio, dedicación, esfuerzo y ahínco a impulsar, desarrollar, apoyar, implementar y lograr acciones que han dado a conocer El Salvador, su geografía, su historia, su cultura, sus expresiones artísticas, sus logros profesionales, sus productos, su artesanía, sus proyectos, sus sueños, sus esperanzas, hasta en los confines más remotos de Francia, como lo ha hecho durante más de veinte años Marie-Chantal Cassagnou.

Desde las tribunas de la Municipalidad de Lyon, de la Prefectura, de la Región, de la Cámara de Comercio, de diferentes alcaldías regionales, de varios ministerios y hasta de la Asamblea Nacional, Marie-Chantal Cassagnou dio a conocer el nombre de El Salvador, colocándolo resaltado dentro del mapa de América Latina, impulsando varias causas y actividades, siempre en beneficio de El Salvador y de los salvadoreños.

Ayudando a los estudiantes y becarios con los problemas inherentes a su llegada y acogida en estas tierras galas, procurando ayudas para que pudiesen desarrollar sus estudios universitarios, de posgrado, especializados, etcétera, haciendo festividades para dar a conocer el arte, la cultura y la gastronomía de El Salvador, organizando actividades para colectar recursos para ayudar a El Salvador después de haber sufrido un terremoto, un huracán, una inundación o cualquier otro flagelo de la naturaleza, ayudando en diferentes aspectos a las personas que de una u otra manera se vieron afectadas por la vicisitudes cotidianas de la vida en El Salvador y que por alguna razón llegaron a vivir a Francia, todos ellos siempre encontraron en Marie-Chantal Cassagnou ese vehemente espíritu de servicio, ese calor humano y esa voluntad de luchar incansablemente hasta lograr sus objetivos, en beneficio de esos compatriotas cuya única condición para recibir esa ayuda fue de haber nacido en El Salvador.

Con mucho esfuerzo desarrolló la Casa de la América Latina en Región Auvergne Rhone Alpes y fue un motor en la organización de las Fiestas Consulares en Lyon, manteniendo con estudiantes y residentes salvadoreños un “stand” de El Salvador, exponiendo obras de nuestros más conocidos artistas y artesanos, organizando grupos de ballet folclórico y presentando danzas típicas salvadoreñas y otras expresiones culturales: escritura, poesía, pintura.

En las frías noches invernales de Lyon y sus alrededores, cuando la soledad y la tristeza se filtraban por debajo de la ropa, hasta hacer estremecer el alma de esos muchachos y muchachas que no tenían donde pasar sus fiestas de fin de año, las puertas de la casa de Marie-Chantal Cassagnou, adornadas con una hermosa bandera azul y blanca en el dintel, estuvieron siempre abiertas de par en par para todos los salvadoreños, que allí encontraron un sincero calor familiar, una cena caliente, un apreciable vino y la tradicional música de las orquestas nacionales para esa ocasión, que hacían recordar el terruño, arrancando en cada nota momentos felices y recuerdos gratos, logrando sobreponerse a la melancolía y a la nostalgia de haber dejado a las queridas familias y a los amigos, del otro lado del Océano.

Si alguien se merece el reconocimiento del Gobierno de El Salvador, talvez a través del Ministerio de Relaciones Exteriores, y un simbólico acto de agradecimiento por toda su desinteresada e inconmensurable obra en favor de los salvadoreños, es sin lugar a dudas, Marie-Chantal Cassagnou.

Sirvan estas letras como un humilde homenaje de alguien que en los últimos 20 años ha estado cerca de esta gran amiga de El Salvador.

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