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Más allá de la “antesala”

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Juan Héctor Vidal / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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La semana pasada llegó a la Asamblea Legislativa la lista de los 30 candidatos que le envió el CNJ, entre los cuales deberá seleccionar a cuatro magistrados de la Sala de lo Constitucional. El desafío que le espera a la recién instalada legislatura es formidable, aunque para nada se parece al evento –una “equivocación”– que llevó a dicha instancia a personajes que, en gran medida, se convirtieron en un muro de contención para que nuestra incipiente democracia no fuera atrapada, hasta hoy, por las garras de gobiernos de corte chavista que reciben órdenes desde La Habana.

Llegar a esa fase ha implicado una larga y dura lucha de parte de instancias democráticas para que las fuerzas antisistema no se salieran del todo con las suyas: llevar solo a candidatos plegados –por no decir vendidos– al partido gobernante que no disimula su aviesa intención de tomar por asalto todo el aparato estatal. Sin embargo, a juzgar por la lista que ha circulado en los medios, no se pudo evitar que al menos tres, incluidos en la propuesta de la FEDAES, se colaran, evidentemente por la manipulación que de la elección interna hizo el presidente de la gremial. Más transparente y equilibrada, según opinión de algunos, fue la selección que de sus propios candidatos hizo el CNJ. En cualquier caso, es destacable el hecho de que en algo mejoró el proceso global de selección; pero también –y esto tampoco puede pasar desapercibido– es la predominancia, según entendidos, de candidatos sin una sólida formación en derecho constitucional y una reconocida experiencia profesional. La ética y la moral, son otra cosa, pero que algo no salió del todo bien, es del dominio público.

Durante el programa conducido por Nacho Castillo el martes anterior, donde sus invitados fueron el presidente de la FEDAES y el presidente del Centro de Estudios Jurídicos (que forma parte de la primera), se pudo constatar, con claridad meridiana, las perspectivas totalmente diferentes que ambos personajes tienen del proceso que llevó a depurar la lista elevada a consideración de la Asamblea Legislativa, que en esta ocasión no podrá eludir el escrutinio público. De entrada –y aunque las comparaciones siempre resultan odiosas–, la decisión de los señores diputados no podrá ignorar el histórico papel que ha desempeñado la actual Sala. Distanciarse de este referente no haría otra cosa que alimentar el descontento generalizado de la población por el comportamiento nada edificante de la clase política, en un momento de grandes definiciones para el futuro democrático del país.

Ciertamente, los señores diputados tienen como insumo inevitable la lista enviada por el CNJ. Pero como se dijo en el programa televisivo aludido, los legisladores deben ser muy incisivos al momento de evaluar a los candidatos, más allá de las supuestas credenciales que cada uno posee. Esto significa dedicarle tiempo y espacio a todo el proceso de selección, descartando el insulso cuestionario que tradicionalmente se ha utilizado en todas las elecciones de segundo grado. Y esto pasa por una genuina y responsable consideración de lo que está en juego. Por esto y algo más, en lo personal, nos sumamos a la sugerencia del presidente del CEJ: La Asamblea Legislativa debe comenzar de CERO.

PD. Vergüenza nacional: el apoyo gubernamental a los dictadores-asesinos de Nicaragua y Venezuela.

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