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Más allá del discurso

Que yo recuerde, nunca un presidente de la República ha salido del Salón Azul alzado en hombros, después de rendir su informe de gestión. Siempre ha habido reacciones por lo que dicen, omiten o exageran los gobernantes.
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 Y no podía ser de otra manera, pero en esta ocasión, las distintas visiones sobre el segundo año de gestión del profesor Sánchez Cerén han sido alimentadas por los acontecimientos posteriores que, para muchos, desdibujaron lo poco de positivo que pudo haber dejado en la mente colectiva el informe... Pero además hay otro elemento. Las reacciones frente a un mensaje que exagera los logros y minimiza los problemas se remontan a las dos administraciones del FMLN, para recordar que en el país las cosas van de mal en peor.

La mayoría de quienes han opinado solo le dan un voto favorable por los avances que se han logrado últimamente en el combate a la delincuencia, mientras que critican severamente el triunfalismo que exhibe el gobierno al referirse al tema económico, infraestructura y los programas sociales. Crecer a menos de la mitad en comparación con el resto de Centroamérica no es precisamente una credencial de éxito. Tampoco lo es que el sistema productivo solo pueda absorber el 10 % de los 60,000, especialmente jóvenes, que demandan un espacio en el mercado laboral. Pero sí crece a pasos agigantados la empleomanía en la administración pública, por la adherencia partidaria, el amiguismo o simplemente por parentesco.

Elevar a una categoría inexistente la provisión de bienes y servicios públicos constituye también un desafío a la inteligencia, comenzando por la salud, la educación, el suministro de agua potable y la vivienda. Cuál es el logro visible cuando los nosocomios carecen de lo esencial y cuyo extremo se tiene en el Hospital Nacional de la Mujer, que carece del equipamiento necesario, mientras su infraestructura colapsa al punto de poner en riesgo la vida de los niños y sus madres. Y cómo reivindicar como éxito el reparto de miles de computadoras para niños, si no tienen ni dónde sentarse y mucho menos un lugar apropiado para satisfacer sus necesidades fisiológicas; mientras la deserción alcanza niveles escandalosos. Menos mal que el presente gobierno no replicó aquella novela fantasiosa “Casa para todos”. Del acceso al precioso líquido en los hogares más pobres, mejor no hablemos.

En este ejercicio lacónico sobre el discurso presidencial, reiteramos, que no estamos haciendo alusión solo a la gestión del presidente Sánchez Cerén. Caeríamos en una omisión grotesca si no hacemos acopio también de la herencia que recibió, donde campearon la confrontación, la descalificación, la corrupción y el engaño, para decir lo menos. Con menos ruido, se mantienen, desvaneciendo aquellas manifestaciones de redención con las que sedujeron a muchos quienes bajaron de la montaña. Y si algo era rescatable del discurso, también lo echaron por la borda los eventos que le precedieron como los que le sucedieron.

El llamado a construir una “Agenda Nacional” es alentador, solo que no es de su cosecha; además lo pone en entredicho la retórica cansona del secretario general del partido ante una audiencia convocada por el partido y conformada por militantes y empleados públicos. Sus insinuaciones contra la oposición (incluida la empresa privada) y su hiperbólica y repetida alusión al golpe de Estado solo contribuyeron a levantar más dudas sobre quién manda en el país. Y cuando dijo: “De aquí no pasarán”, seguramente estaba en conexión directa, a través de un teléfono satelital, con Maduro, quien al mismo tiempo vociferaba contra la OEA y su secretario general con palabras que nuevamente lo desnudan frente al mundo, como déspota, vulgar, esquizofrénico y megalómano.

Coincidentemente, allá en Caracas el gobernante también repetía lo del supuesto golpe de Estado de parte del “imperio”; mientras una altiva y embravecida canciller escupía veneno contra Almagro. Esta dijo que el complot ya estaba montado y a juzgar por declaraciones del mandatario en otro momento, con el apoyo de la OTAN. En lo que también coincidieron ambos eventos es en la utilización de recursos públicos para fines partidarios. Lo demás es lo de menos.

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