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Más brujas y menos militares

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Glenda Girón  - Editora de la unidad de investigaciones Séptimo Sentido, LA PRENSA GRÁFICA

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Seis mujeres vestidas de negro maldicen. Maldicen al presidente de esta república y a sus colaboradores más cercanos. Tras ellas, el monumento a la Constitución, en San Salvador. Al frente, decenas de personas reunidas para protestar por las acciones tomadas por los magistrados impuestos en la Sala de lo Constitucional. Ellos abrieron, hace un par de días, la puerta a la reelección presidencial.

Una manifestación artística, un "performance", es forma y fondo. Pese a lo llamativo de la primera, el motor va a ser siempre el segundo. El arte, dicen, es eso que es más bello en la medida en que es más genuino, más cercano a la verdad. Por lo tanto, lo contrario a lo bello no es lo feo, sino que lo falso, nos decía un catedrático.

El acto de protesta, realizado por la Colectiva Amorales el domingo 5 de septiembre, despertó cientos de reacciones que se tradujeron en tendencia en la red social Twitter, esto pese a que el mismo día jugó la selección salvadoreña de fútbol su partido de la clasificación al mundial contra Honduras en un estadio Cuscatlán lleno. La plaza del monumento a la Constitución no estaba ni de cerca tan llena como el escenario deportivo.

"Por las víctimas de Chalchuapa; por las niñas desaparecidas; por las madres que siguen buscando solas; por las víctimas de feminicidio que tu falso Plan Control Territorial no incluyó; por las criminalizadas y por las defensoras desaparecidas; nosotras te maldecimos a vos, a tu clan y a tus cómplices", gritan en el video las mujeres vestidas de negro, las brujas.

Entre las múltiples reacciones, hubo quienes señalaron que la protesta falló, porque le dio al presidente la oportunidad de contestar con salmos bíblicos y congraciarse, así, con la base de la población cuya religiosidad pesa a la hora de tomar decisiones políticas. Y no. Yo creo que este punto de vista es muy conservador y demerita el poder del arte como canalizador de verdad, cuando por verdad entendemos sentimientos, emociones, aquello que, en teoría, nos separa del resto de seres vivos con los que compartimos este planeta.

El presidente retomó el video en redes sociales, sí. Pero se vio obligado a basar su respuesta sobre la forma: la maldición, los trajes negros, la sal. Porque el fondo, para un gobierno de imagen como el de este, es incontestable. El fondo de esa "performance" es el resumen del fracaso de todas las instituciones estatales, es mucho de lo que nos deben a los ciudadanos y que esas seis mujeres se atrevieron a exigir letra por letra.

"Por aprovecharte de un pueblo cansado, saqueado y engañado para cumplir tus deseos y el de un grupo poderoso que te llevó a la presidencia; por todas las personas, médicos, médicas y pacientes que murieron de covid-19 por tu culpa; nosotras te maldecimos a vos, a tu clan y a tus cómplices", fue otra parte del mensaje que ellas dirigieron desde la plaza y que llegó a más públicos por redes sociales.

El mecanismo elegido por la Colectiva Amorales fue exitoso no por lo que se pueda medir en tuits ni porque el presidente haya ejercido otra vez su derecho a dirigirse a sus convencidos. Lo fue por todo lo contrario. No, no han sido las feministas dejando servida la mesa para que se cite la Biblia. Es el presidente de esta república reconociendo, sin pena, que no le importa Chalchuapa, que lo que le hiere es que alguien se atreva a invocar en público una maldición en su contra. El punto, acá, es para ellas, que ahora deben aprovechar que él les dejó el tiro a marco: hay que insistir en el fondo.

Para validar nuestro derecho a disentir, a las mujeres se nos pide respetar las maneras. Porque tenemos que ser lindas hasta cuando estamos bravas. Estallar no es propio. Mostrar ira no es femenino. Este rosario de mitos forma parte de un mecanismo de control que busca perpetuar el miedo a oponerse. Y no hay nada que favorezca más a los regímenes que el hecho de que quienes sepan reconocer los avances del autoritarismo se queden esperando el momento ideal para decir basta, para quemarse como se debe en nombre de todo lo que este gobierno debe. Chalchuapa, por encima de todo.

Las brujas representan el disenso, la disrupción, el "no pasarás". Son esa voz radical y criticable a veces, molesta, otras; pero necesaria siempre. Al otro extremo de ellas está el militarismo, este que se lleva una tajada importante del Presupuesto General de la Nación y que ya en varias ocasiones ha alabado el presidente de esta república. Este que no es más que un símbolo de la obediencia estructurada llevada al extremo, porque el ejército no representa otra cosa que el poder de oprimir a otro. Por eso, en el mes del Bicentenario, mi plegaria es para que en este país haya cada vez más brujas y menos militares. Ellas son más arte, cuando el arte es verdad. Y en un escenario de hipócritas inconsecuentes, la verdad es revolución.

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