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Más violencia, menos democracia

Los salvadoreños necesitan cooperar entre sí para vivir en paz y progresar.
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El país va por una ruta equivocada: mientras incontables connacionales son agredidos diariamente y desean emigrar, los dirigentes partidarios se enfocan en controlar el aparato estatal. No hay visión de país. Esta forma de gobernar desmantela la cohesión social y propicia el autoritarismo.

A continuación se exponen cuatro casos de violencia que constatan la urgencia de revertir el proceso de descomposición social, promover la sana convivencia y fortalecer el imperio de la ley. Esta problemática conviene abordarla responsablemente en vista del riesgo de que la expansión del crimen y la desesperación conduzcan a una nueva dictadura.

Caso 1. Violencia delincuencial. La ONU ha clasificado a El Salvador como uno de los países más violentos del mundo, con un promedio de 90 homicidios por cada 100,000 habitantes en los últimos años. Esta cifra sobrepasa nueve veces el límite establecido por OMS para declarar la violencia como una epidemia. Del 1.º de enero al 28 de agosto de 2017 han asesinado a 23 agentes policiales. Incontables jóvenes se unen a pandillas o maras bajo coacción y estas ejercen el control territorial a través del miedo y la fuerza. UNICEF indica que El Salvador tiene una de las mayores tasas de homicidios de niños entre cero y 19 años.

Caso 2. Violencia intrafamiliar. El castigo físico o psicológico es una forma común en los hogares salvadoreños, para controlar o corregir la conducta de los niños. Por otra parte, la violencia doméstica es un problema frecuente y se expresa cuando un esposo golpea a su pareja. El consumo elevado de alcohol en los hombres es una de las causas de la violencia intrafamiliar. La PNC recibe en promedio cinco denuncias diarias por violencia intrafamiliar.

Caso 3. Violencia escolar. Las agresiones entre estudiantes y contra docentes indican un debilitamiento de la convivencia en la comunidad educativa. Según la UNESCO, la violencia que ocurre en la escuela adopta cuatro formas: (1) castigo físico y psicológico, (2) acoso o “bullying”, (3) violencia sexual, y (4) entorno conflictivo debido a pandillas, armas, peleas o drogas. El MINED observa que el 27 % percibe que la seguridad es afectada por las maras en el interior de la escuela y 39,000 estudiantes dejaron de estudiar en 2016 por la violencia.

Caso 4. Violencia sexual. La PNC revela que arriba del 25 % de los delitos cometidos contra escolares son sexuales. Hasta junio de 2017, la PNC reportó 873 casos de violaciones denunciadas, cifra que duplica la del año pasado, y su frecuencia es similar en áreas rurales y urbanas. El UNFPA destaca que seis mujeres son víctimas de violencia sexual cada día y de ellas, cuatro son niñas. En 79 % de los casos el agresor es familiar o conocido de la víctima.

Conclusión: la decadencia social facilita la expansión de la violencia delincuencial y el uso generalizado de la fuerza para solucionar problemas o lograr objetivos. El flagelo del crimen está provocando que numerosos connacionales imploren el militarismo. Es hora, entonces, de que los ciudadanos (gobernados) cumplan con sus deberes políticos y les exijan a sus representantes (gobernantes) garantizar los derechos fundamentales de todos los salvadoreños y priorizar la integración familia-escuela-comunidad.
 

Tags:

  • democracia
  • autoritarismo
  • violencia intrafamiliar
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