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Medicina forense a la zaga

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Eduardo Rohde Schell - Colaborador de  LA PRENSA GRÁFICA

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Si bien unas pocas golondrinas no hacen verano, pero algunos vacíos y ausencias sí son determinantes en especiales funciones del quehacer humano, como es el caso de la falta de personas con plenos conocimientos en la investigación y criminalística para hacerle frente a la delincuencia.

Es notoria –mas no suficiente– la ardua labor que efectúa el investigador Israel Ticas en el desempeño forense. Realiza excavaciones de campo en busca de restos humanos, en lugares sospechosos de que existan tumbas improvisadas, utilizadas por criminales para enterrar a sus víctimas. Recorre cementerios clandestinos y aplica técnicas –excavación paralela al cadáver– para no alterar posibles indicios y valiosa información.

Con los altos índices de homicidios y personas desaparecidas, el trabajo del citado investigador no marcha en consonancia con la demanda de soluciones. Se requiere que las autoridades forenses multipliquen esfuerzos creando dependencias de tal naturaleza en todo el país. Es conveniente que algunas universidades establezcan como carrera la criminalística y con ese elemento formado se estructure un moderno centro de ciencias forenses. En la academia de la Policía Nacional Civil se está instruyendo al alumnado con fundamentos para la investigación futura.

Hace años, cuando los delitos no alcanzaban cifras escalofriantes, profesionales de la talla del Dr. Juan Ramiro Díaz hicieron escuela, con un eficiente trabajo oficial, que hasta era requerido para casos privados. Otros especialistas fueron Roberto Masferrer y Pedro Antonio Ángel. Más recientemente, sobresalió en la medicina legal y aplicaciones sicológicas el Dr. José Miguel Fortín Magaña. Sus estadísticas eran confiables y a veces incómodas por constantes discrepancias con los voceros policiales. El Salvador, colocado a la zaga de los avances en tan importante materia, urge de la asesoría y dotamiento de tecnologías para mejorar su operatividad.

Anulada la Ley de Amnistía, ha vuelto a tomar actualidad el caso de las masacres, calificadas como crímenes de lesa humanidad; pero, lamentablemente, reciben mayor atención y publicidad –aunque en verdad son numerosas– las efectuadas por la Fuerza Armada, ¿y las de la guerrilla?, no menos graves, como la cometida en Nueva Trinidad, Chalatenango, en 1993, con 200 asesinados. Muchas víctimas, por ese sector, fueron ajenas al conflicto, con el agravante de sufrir extorsiones y secuestros.

Por cierto, dos hijos del poeta Roque Dalton García y un nieto del embajador de Sudáfrica Archibald Gardner Dunn presentaron ante la Sala de lo Constitucional sendas demandas para el esclarecimiento y forzada desaparición de sus familiares. La Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos responsabilizó por el primer crimen a los exguerrilleros Joaquín Villalobos Huezo y Jorge Antonio Meléndez (ERP) y le solicitó al presidente de la República, Salvador Sánchez Cerén (FPL), toda la información sobre el desaparecimiento del diplomático sudafricano. Existió una exigencia de dos millones de dólares para liberarlo.

La medicina legal o forense es una valiosa arma para solucionar casos que, si no se tuviese su apoyo, quedarían en el misterio y la impunidad. Incorporemos en los planes futuros y presupuesto la creación de un sistema forense moderno para que ese avance en lo criminalístico fortalezca las funciones de la Fiscalía General, la Policía Nacional Civil y el resto de entidades afines.

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  • criminalística
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