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Medicina preventiva, una urgencia

Una evaluación infraestructural sobre sus funciones y sustentación económica es imperativa en el Ministerio de Salud y el Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS), dados los informes existentes de que buena parte de su presupuesto se destina para el pago de salarios, lo que deja escasos recursos orientados a la inversión en instalaciones y atención a los pacientes.
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Colaborador de  LA PRENSA GRÁFICA

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Sin embargo, si se concibiese una efectiva y amplia campaña de prevención, podría cambiarse el rostro de estas instituciones, cuya operatividad pública y autónoma, respectivamente, arroja deficiencias. En la medicina preventiva englobamos aspectos como el ahorro en cirugías complejas, tratamientos antitabaquismo y antialcoholismo, drogadicción, accidentes de tránsito (CONASEVI y FONAT mantienen la campaña “Respeta la vida. No es un accidente, es tu decisión”), contaminación ambiental, suicidios (sugerimos la habilitación de un teléfono de urgencia, atendido por una oficina multiprofesional que hiciese desistir en su propósito a las personas en crisis), quemados, víctimas de accidentes laborales; hasta llevar una vida saludable, etcétera.

Consideramos no optativo tratar de revertir las prestaciones obtenidas por gremios en luchas de años, pero sí, realizar revisiones y “ordenar la casa”, porque sin pensar en auditorías, salta a la vista que se podrían optimizar muchas actividades afectadas por mala administración; incluso cerrar grietas que dejan escapar fondos; llámese a eso, escasa transparencia u olvido de cómo se practica la austeridad.

Pero, enfatizando sobre ese punto de quiebre que afecta la calidad de vida de los salvadoreños por erradas políticas de planificación, la medicina preventiva, bien manejada, podría contrarrestar esa falla que venimos arrastrando. Su efectividad sería posible si se tuviese una amplia cooperación del conglomerado receptor de la campaña. Atender llamados y recomendaciones de facultativos minimizaría la sangría presupuestaria y, en consecuencia, se podría invertir más en construcciones, compra de medicamentos, tecnología y capacitaciones.

Otra observación es poner mayor atención en los problemas que atraviesan los médicos, especialmente los que están en proceso de internado. Revisar y corregir normas injustas y poco estudiadas; asimismo, analizar los requisitos para incorporación de galenos extranjeros.

La población vería con agrado, como gesto de solidaridad, que los fondos destinados en el Presupuesto General de la Nación para costear seguros médicos en las instituciones estatales, más de 50 millones de dólares se trasladasen a áreas sensibles en donde se atiende a pacientes pobres.

Creemos, aunque para ello se recurra a presiones y voluntad política, que los legisladores deben evitar la utilización desmedida de presupuestos –su mayor cuantía– destinados a la salud del pueblo, para pagar salarios, prestaciones... y despilfarros.

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