Medicina y agricultura: un trágico divorcio

¿Dos campos profesionales muy distantes? Ciertamente requieren vocaciones muy distintas. Pero están vitalmente conectadas por la nutrición y la ecología en forma estrecha e importante, como es ya muy evidente en El Salvador.
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El punto de encuentro es el suelo, donde muchos agricultores se conforman con la fórmula “NPK” (nitrógeno, fósforo y potasio) para inducir las cosechas. Para otros basta aún menos (sulfato de amonio, etcétera). Y acá inicia una enorme cantidad de problemas del ámbito médico, pues las plantas requieren de muchos otros nutrientes y minerales en el suelo, elementos esenciales tanto para las plantas como para quienes nos alimentamos de ellas. Al añadirse solo “NPK”, muchos otros nutrientes minerales van siendo agotados por las plantas, sobre todo cuando se retira biomasa (como el bagazo de la caña) del terreno. Este problema se agudiza con la acidez generada por algunos abonos baratos, pues en suelos ácidos muchos minerales claves son disueltos y removidos por el agua –ya sea de lluvia o de riego.

Otros nutrientes importantes incluyen calcio, silicio y magnesio, tres minerales que se requieren en cantidades relativamente grandes, aunque menores que los tres anteriores. Y también existen muchos “micronutrientes” minerales –como hierro, zinc, potasio, manganeso, cobre, cromo y boro (por solo mencionar algunos)– que tanto las plantas como el hombre requieren en miligramos y hasta microgramos (milésimas de miligramo) diarios, más que gramos como los anteriores.

Este problema suele agudizarse, dado que muchas plantas pueden crecer y completar su desarrollo aun con considerables deficiencias de nutrientes en el suelo. Naturalmente estas deficiencias serán reflejadas en los tejidos (de los frutos, semillas, hojas, etcétera) que “cosechamos”. Por tanto, no debe sorprendernos que muchas de nuestras cosechas y cultivos son cada vez más bagazo... y menos alimento.

¿Algunas consecuencias? El magnesio es mineral vital para el buen funcionamiento y estructura de las articulaciones, la presión arterial, el buen manejo del calcio y el azúcar en el cuerpo y, en particular, para la buena salud y funcionamiento del corazón y el cerebro. El zinc es vital para tener y mantener un buen sistema inmunológico, para sanar heridas y ulceraciones y, en particular, para el balance y la regulación del azúcar en la sangre y la producción de insulina. ¿Resultado? ¡Cada vez aumenta más en nuestro país el padecimiento de la diabetes, artritis, osteoporosis, arteriosclerosis, infartos y aun de varios tipos de cáncer y otros males, por faltantes de estos nutrientes vitales en nuestros suelos!

Hasta los efectos de la contaminación y el estrés se agravan por estas deficiencias, y hay mucha evidencia que sugiere que nuestra alta tasa de depresión, violencia y baja energía –así como la alta incidencia de males como la insuficiencia renal crónica– resultan en buena medida de esta combinación de efectos.

Ni siquiera se ha hablado del selenio –que en El Salvador no puede siquiera medirse en laboratorio de sangre o de suelo alguno. A pesar de ser el mineral antioxidante-inmunológico más importante de todos y protector contra muchas formas de cáncer y toxicidad. ¿Y el molibdeno vanadio y germanio...? Obviamente un manejo más inteligente y comprensivo de suelos en El Salvador traerá grandes beneficios a la salud humana en el corto y mediano plazo. Y también los médicos y los agricultores podrían lograr considerables beneficios al unir esfuerzos nutricionales en su trabajo.

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