Médicos de farmacias

Por decreto legislativo de fecha 22 de febrero de 2012, se aprobó la Ley de Medicamentos, la cual tiene por objeto garantizar la institucionalidad que permita asegurar la accesibilidad, registro, calidad, disponibilidad, eficiencia y seguridad de los medicamentos y productos cosméticos para la población, así como propiciar el mejor precio para el usuario público y privado.
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Debemos comenzar señalando que contar con una ley moderna que regulara adecuadamente esta importante actividad era una tarea pendiente desde hace varios años. No podemos negar que en El Salvador han existido ciertos factores y elementos negativos que han distorsionado el mercado de los medicamentos, que han generado desabastecimientos de importantes fármacos y que han significado que buena parte de la población no pueda tener acceso a medicamentos importantes al comercializarse a precios realmente prohibitivos. Una ley de medicamentos era necesaria.

Pero sin perjuicio de lo anterior, también debemos decir que varias de las disposiciones de esa ley, lejos de propiciar el acceso a los medicamentos, generan consecuencias que marchan en sentido completamente opuesto. Por ejemplo, ya estamos viendo la desaparición de ciertos medicamentos sin que se tenga certeza sobre la posibilidad de adquirir otros que los suplanten. Por evidentes razones no podemos analizar en esta columna todas aquellas disposiciones que a nuestro criterio no cumplen con el objetivo de la misma ley. Por el momento nos limitaremos a referirnos a dos de ellas que, por cierto, ya están siendo conocidas por la Sala de lo Constitucional, que ha dictado una medida cautelar suspendiendo a favor de un particular su aplicación, ante proceso de amparo contra ley iniciado. Nos referimos a los artículos 23 y 79 literal b.

El primero dice: “Se prohíbe todo tipo de contratación o subcontratación de médicos, odontólogos y veterinarios, para ejercer la profesión en el interior de las farmacias con el objeto de prescribir cualquier tipo de medicamentos”. Mientras que el segundo califica como una infracción muy grave “permitir la prestación de servicios de consulta médica, odontológica, enfermería y demás profesiones de la salud en el interior de droguerías, farmacias y ventas de medicinas, así como la prescripción de medicamentos en dichos establecimientos”.

Se trata de dos disposiciones que, además de ser claramente inconstitucionales, por ningún lado se comprende cómo es que pueden propiciar que la población tenga mejor acceso a medicamentos y asistencia médica. Tales disposiciones ignoran nuestra realidad: tenemos cientos de médicos que han estudiado más de 10 años y no logran encontrar una oportunidad decente para poner en práctica sus conocimientos, debiendo conformarse con realizar otras actividades, que, si bien dignificantes, están muy alejadas de lo que con esfuerzo aprendieron. Limitarles aún más su campo de actuación, prohibiéndoles ser contratados en farmacias y droguerías, no les ayuda en nada.

Las disposiciones que comentamos también perjudican a la población. La situación en que se encuentran muchos de los hospitales de la red pública y la situación en que se encuentran muchísimas de las unidades de salud es lamentable. Los médicos atienden a sus pacientes en condiciones insalubres e inhumanas, por lo que tampoco se les ayuda eliminándoles la opción de acudir a una farmacia cercana donde seguramente encontrarán mejores condiciones. Y para muestra un botón: en la unidad de salud del barrio Lourdes, en San Salvador, los pacientes son atendidos en condiciones que, por decirlo con elegancia, son verdaderamente deplorables; ¿por qué forzarlos a ir a ese lugar privándoles de la oportunidad de acudir a una farmacia cercana si así lo prefieren? Algunas quejas de sectores privados y públicos se han escuchado contra la admisión del amparo promovido y mucho más contra la medida cautelar adoptada. Pero dejando de lado el análisis que en su momento efectuará la sala, cuesta comprender la insistencia de algunos en mantener disposiciones como estas, que no traen ningún beneficio a nadie.

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