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Megafraude y regocijo gubernamental

No habían terminado de cerrarse las urnas y ya un solícito presidente salvadoreño le daba la bendición al “extraordinario proceso electoral” venezolano. El partido lo emuló al calificarlo como “ejemplo de civismo, dignidad, vocación democrática y patriotismo sin igual”. Y siguió: “El FMLN y el pueblo salvadoreño asumimos como propio esta victoria de nuestros hermanos”. Seguramente a estas alturas, hasta buena parte de sus huestes se estarán preguntando ¿quién diablos les dio a estos señores la autoridad para hablar en nombre de toda la población?
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Pero no podían actuar de otra manera, aunque propios y extraños califican esa mascarada como un MEGAFRAUDE, así con mayúsculas. La comunidad internacional alzó su voz para denunciar esa estafa, señalando que no la aceptaban, sin duda porque estaba diseñada para que Maduro y Cabello eternizaran en el poder, con el apoyo incondicional del ministro de Defensa, quien haciendo honor a su apellido, sirvió de “padrino”. Con el reencarcelamiento de López y Ledezma, estas voces han coincidido en calificar a Maduro como un dictador, pero el gobierno de Sánchez Cerén y compañeros de viaje lo han elevado a la categoría de un semidiós al que solo idolatran también los de Nicaragua y Bolivia. Así se ha formado un microcírculo de gobiernos latinoamericanos que deambulará en solitario alejado de la democracia y el progreso.

Pasar revista, aunque sea de manera superficial, a las atrocidades que ha cometido Maduro para seguir pisoteando a los venezolanos, contando con la bendición de Cuba, Irán y Rusia y despertando la admiración de unos gobiernos despistados, no tiene caso. Pero no sobra decir que ese engendro de origen colombiano ha superado juntos a Pinochet, Castro, Batista, Stroessner, Duvalier, Bancer, Somoza, Trujillo, Porfirio Díaz, solo para mencionar a unos pocos compinches hemisféricos, que con ideologías distintas al del moderno déspota venezolano, fueron sacados del poder por hu...s o por candelas.

El presidente y su partido deberían entender que con actuaciones que ponen al país como cómplice de la antidemocracia, lo están aislando más del mundo civilizado. No pueden con la tarea que les encargó la ciudadanía (¿?); pero gastan energía y prestigio internacional apoyando a un sistema político fracasado, que empobrece más a los países y que crea una dependencia que somete a sus ciudadanos a vivir permanentemente en el tercer mundo –donde la gente muere por inanición y los enfermos por falta de medicinas– como lo ilustran precisamente cada vez con más contundencia esos cuadros desgarradores que vemos en la Venezuela de hoy, uno de los países potencialmente más ricos del mundo, pero que al mismo tiempo se recrea con el crimen organizado, la corrupción y la delincuencia desbordada.

En menor escala, nosotros compartimos esas exuberantes credenciales, con el agravante que con su ensimismamiento ideológico, la actual administración ha contribuido a arraigar en el imaginario colectivo la idea creciente de que el país va por el mismo rumbo venezolano, donde el poder se construye sobre cadáveres de niños, jóvenes y ancianos, la aniquilación de la empresa privada, encarcelando a opositores políticos inocentes e ignorando la crisis humanitaria. Dios quiera que en ese hermano país no comience una guerra civil, caso en el cual este gobierno no podrá invocar su inocencia.

Y si además sigue ignorando la tragedia nacional y ocupándose solo de su agenda, lo que sugieren algunos es que debería comenzar a cavar su propia tumba, preferiblemente antes de que el terremoto humano causado por la expulsión masiva de compatriotas, la crisis fiscal, las pensiones y el crimen organizado nos arrastren a todos. Sabemos que de sus fracasos siempre culpan a terceros y para el caso, según ellos, la “injerencia” externa es parte de una conspiración despiadada, pero se olvidan de ella cuando se transforman en limosneros reclamando ayuda, que siempre se queda corta frente al saqueo que hacen del erario nacional. Pero el embajador de Alemania les ha dado una lección de diplomacia activa; ojalá tengan espacio en su cerebro para entenderla, aunque seguramente casi todo está invadido por el veneno que les ha inoculado Maduro.
 

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