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Menos armas, más paz y vida

La creencia popular de que la mejor forma de protegerse ante un hecho delictivo es portar un arma de fuego no es soportada por la evidencia científica. Mas bien, la probabilidad de que una persona muera al intentar defenderse con un arma es cuatro veces mayor que si no lo intenta. También se eleva la posibilidad de que salga herida.
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En la mayoría de los casos, las armas en manos de civiles acarrean grandes riesgos y aumentan los desenlaces fatales. Asociadas al consumo de alcohol o drogas, pueden provocar que un intercambio de palabras o una riña termine en un homicidio. Existen también fuertes vínculos entre el acceso a las armas y el aumento drástico de la violencia contra las mujeres y dentro de los hogares y esa conclusión no es menor, cuando El Salvador tiene una de las tasas más altas de feminicidios del mundo.

América Latina, con tan solo el 8 % de la población mundial, concentra el 33 % de los homicidios que se cometen con armas de fuego. En El Salvador, ocho de cada 10 homicidios se cometen con este tipo de armas y la tendencia no ha cambiado en las últimas dos décadas.

Experiencias en distintos países de la región como Brasil y Colombia, así como en El Salvador mismo, demuestran que la restricción de la portación de armas por parte de la población civil en espacios públicos reduciría el número de homicidios y otros delitos y promovería la convivencia pacífica.

Las calles, los parques, las plazas deben ser puntos de encuentro, esparcimiento y libertad. Los espacios públicos son fundamentales para la recuperación y dinamización del tejido social. Deben convertirse en zonas de paz, en lugares libres del miedo y donde las familias y ciudadanos puedan convivir y descansar.

Desde hace varios años, el PNUD ha apoyado iniciativas de restricción de armas en manos de la población civil en los espacios públicos, en diferentes municipios del país. En todos los casos, el resultado ha sido contundente: menos armas, más paz y más vida.

Hay ejemplos impresionantes. En 2005 se establecieron “Municipios libres de armas” que limitaban la portación en determinadas áreas de alta criminalidad. Con esta medida se logró reducir hasta 21 % los homicidios con armas de fuego. En San Martín, uno de los primeros municipios donde se implementaron vedas, los homicidios se redujeron 47 % y los delitos en general disminuyeron en 24 %.

La efectividad de las vedas de armas estuvo vinculada a la coordinación entre los gobiernos locales, la Policía Nacional Civil y las instituciones de seguridad y justicia, así como al fortalecimiento de capacidades de los agentes que las implementaron y a la sensibilización e información a la población, incentivando la denuncia.

De estas experiencias aprendimos que las vedas, así como cualquier medida que busca reducir la violencia y la inseguridad, no deben ser esfuerzos aislados sino parte de estrategias integrales locales y nacionales, para garantizar la sostenibilidad de sus resultados y el impacto en las comunidades.

El Plan El Salvador Seguro, la estrategia integral producto del trabajo del Consejo Nacional de Seguridad Ciudadana y Convivencia, incorpora un resultado relacionado con la prevención de la violencia armada, con acciones como campañas de sensibilización y vedas de armas.

Es a la implementación de esas acciones, en el marco de un plan consensuado entre todos los sectores y actores de la sociedad, hacia donde deben enfocarse todos los esfuerzos, deteniendo las devastadoras consecuencias del uso indebido de armas de fuego en la vida humana y en los derechos humanos de la población.
 

Tags:

  • armas
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