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Menos diputados y menos prebendas, más recursos para hospitales...

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Menos diputados y menos prebendas, más recursos para hospitales...

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Más del 60 % de la ciudadanía salvadoreña está descontento con los políticos y gobernantes actuales y también con los pasados. El descontento no es con el sistema ni con la diversidad de partidos políticos, que son parte de la democracia. Los Estados con partido único no son Estados democráticos por más que sus dictadores gobernantes lo afirman o pretendan convencernos de que es por el bienestar del pueblo. Está comprobado que son los dirigentes de la cúpula del partido quienes gozan del mayor bienestar y se convierten en dueños de los bienes y vidas de la población. Ejemplos hay –afortunadamente muy pocos– en algunos lugares cercanos a nuestro pequeño país.

En nuestra frágil democracia todavía existen diferentes partidos políticos con diferentes tendencias e ideologías aunque quienes los dirigen no cumplen, generalmente, con las cualidades de sinceridad, capacidad, honestidad y austeridad. Algunos comentaristas hablan de partidos “taxi” o partidos “ bisagra” los cuales son fáciles de reconocer.

Pero la lucha de los ciudadanos salvadoreños tiene que estar dirigida a encontrar o identificar a quienes pueden –sin populismos ni mesianismos baratos– ser los mejores conductores o gobernantes de nuestro pequeño y querido país, endosarles nuestro apoyo y demandarles que nuestros hijos, nietos y todas las familias cuscatlecas necesitan una patria mejor a la que nadie se vea obligado a abandonar. Necesitamos empleos, muchos empleos; seguridad, educación calificada y oportunidades para capacitarse y cumplir metas y sueños que para muchos son imposibles de alcanzar; atención a la salud, eficiente y oportuna; desarrollo económico y social, libertad.

Para concluir, me pregunto y pregunto a políticos y gobernantes: ¿Cuántos niños salvadoreños, enfermos terminales, desnutridos o con otras enfermedades y cuántos niños marginados o excluidos podrían, con programas especiales de desarrollo, beneficiarse si tuviéramos unos 10 o 15 diputados menos y menos directivos en la Asamblea Legislativa, menores salarios y prebendas para “los Honorables” y también para los altos funcionarios y que desaparecieran los gastos de “las partidas secretas” y si los gobernantes fueran buenos administradores y austeros...?

Desafortunadamente el actual partido mayoritario en la Asamblea perdió la oportunidad de demostrar con sus nuevos diputados que ellos serían los promotores y luchadores para lograr a corto plazo recuperar la dignidad de los “representantes del pueblo” y una verdadera mejoría para la sociedad salvadoreña que tanto lo necesita. ¿Tendrán todavía tiempo para borrar la pésima imagen que han comenzado a dibujar? ¿Podrían a estas alturas renunciar a algunas vicepresidencias y secretarías –innecesarias– y renunciar a todas sus gangas? ¿Y reducir para próximas elecciones el número de imputados, perdón, quiero decir diputados? ¿O seguirán sirviéndoles en bandeja de plata el poder a potenciales dictadores narcisistas, populistas y sin ningún barniz académico?

Veamos el mal ejemplo de algunos países cercanos y reflexionemos.

Atentamente, uno de tantos ciudadanos salvadoreños preocupados por el futuro de nuestros hijos y nuestros nietos.

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