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Menos es mejor

Los salvadoreños y salvadoreñas enfrentamos la falta de oportunidades para aprovechar los talentos y competencias personales para auto realizarnos. No hay trabajo. No hay trabajo decente. No se satisface las exigencias para los limitados puestos laborales. Y no queda más que optar por el sector informal o la emigración con o sin muro. Se necesitan más empresas. Se necesitan mejores empresas para satisfacer las necesidades y expectativas laborales.

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Sandra de Barraza / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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En las ofertas electorales, un partido reconoce las dificultades para iniciar y operar una empresa y ofrece una Comisión Legislativa para recibir denuncias de trámites engorrosos y la creación de un organismo de mejora regulatoria. El otro, reconoce lo mismo y ofrece reformar la Ley de Fomento, Protección y Desarrollo de la MYPE y de manera complementaria, reformar la Ley de Adquisiciones y Contrataciones de la Administración Pública (LACAP) para elevar la obligatoriedad de compras públicas a las MIPYPE al 25 %.

Indiscutiblemente abrir, operar y cerrar una empresa en nuestro país es caro. Hay exigencias burocráticas alejadas del sentido común. Una y otra vez piden lo mismo. Dice una plataforma que “existen más de 10,000 trámites y servicios” que han ido surgiendo y multiplicándose amparados a la multiplicidad de leyes que están vigentes. Una se superpone a otra, y una o varias se contradicen. Aquí no es fácil tener una empresa.

Hay leyes mercantiles, tributarias, laborales, de salud, de medio ambiente, municipales, de producción, y de fomento a actividades productivas y a diferentes tamaños de empresas; además hay leyes internacionales que afectan la producción y la comercialización. Por esto, más que ofrecer leyes, sería conveniente el compromiso de revisar la pertinencia y consistencia de las leyes existentes. Lo que se quiere es más empleo, y para esto se necesita inversión. Y la inversión demanda regulaciones claras y confiables. ¿Se necesitan más leyes?

Las plataformas legislativas de los dos partidos políticos con más presencia en la Asamblea Legislativa ofrecen más leyes. Ofrecen una ley de empleo joven, una ley de Zona Económica especial, una ley de estímulo al espíritu emprendedor, una ley de soberanía alimentaria, una de seguros agrícolas para enfrentar el cambio climático y más. Ofrecen reformas a la Ley de Asocios público-privados, la Ley de producción, industrialización y comercialización de la agroindustria azucarera, la ley de riego y avenamiento y la ley de medio ambiente. ¿Hay más que reformar para asegurar consistencia? ¿Hay más leyes que reformar para asegurar competencia?

Hay muchas leyes que entorpecen o encarecen cualquier iniciativa empresarial. Cumplirlas deja sin fuente de ingreso. Se ignoran y nada pasa, hay conformismo con limitarse a la sobrevivencia o sobrevivir en el millonario sector informal. Allí nadie paga impuestos y nada pasa. Les pagan a otros, pero continúan. Entonces ¿de qué sirve tanta discusión en las comisiones legislativas sobre nuevas leyes o reforma a las existentes? No hay seguimiento a las implicaciones de las leyes vigentes considerando actividad y tamaño de empresas.

Vale que instalen una Comisión Legislativa que tome conciencia sobre las implicaciones de las leyes en la actividad productiva. Pero no es suficiente que se limite a ser receptora de denuncias y quejas sobre trámites burocráticos. Se necesita la producción de conocimiento y evidencia sobre los cuellos de botella y los costos que las leyes generan en la cadena productiva. Esto se necesita para transformar la economía.

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