Metidas de pata

Al Tío Ben, el de “Spiderman”, se le conoce por la frase: “Un gran poder conlleva un gran responsabilidad”.
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 En El Salvador, el puesto que más poder ostenta es el de la Presidencia de la República. Desde ahí es donde más se incide directamente en políticas públicas que afectan todo el país. No es algo que se debe tomar a la ligera. En sus hombros recae la legitimación de gran parte de la población.

Somos millones los que buscamos, en la figura del presidente, un liderazgo que guíe al país a través de sus problemas y hacia la prosperidad.

Que un impulso le gane la carrera al sentido común debería ser la excepción y no la norma para un presidente. La semana pasada, en lo que pareciera ser un lapso momentáneo de razón, el presidente decidió que era una excelente idea ignorar que sus declaraciones desacertadas dejan en ridículo a todos los salvadoreños, no solo a él. Hayamos votado por él o no.

El presidente publicó en su cuenta oficial de Twitter: “Hemos tomado la decisión de no reconocer al gobierno provisional de Brasil, y hemos pedido a nuestra embajadora que regrese a El Salvador” (14 de Mayo), refiriéndose al Gobierno interino liderado por Michel Temer, luego de la suspensión de Dilma Rousseff el 12 de Mayo.

El Presidente acompañó al Gobierno venezolano de Maduro ignorando que en Brasil, como en muchas otras democracias, existen mecanismos legales y legítimos para destituir a un presidente. Que no le guste que los afectados sean de su bando político no convierte a una destitución en “golpe de Estado”.

Tres días se tardó el presidente para llegar a la conclusión que lo que había hecho era una

auténtica metida de pata. No tuvo más remedio que rectificar y echarse para atrás en sus declaraciones. Como niño regañado, publicó nuevamente desde su cuenta de Twitter: “El Salvador no ha planteado el rompimiento de relaciones con Brasil. Somos pueblos con

relaciones históricas” (17 de Mayo). Sacó la pata, pero el olor queda y apesta. Hay dos elementos muy preocupantes a partir de las declaraciones del presidente Sánchez

Cerén.

La primera es que pareciera que nuestra clase política tiene poca o nula capacidad en relaciones públicas y manejo de crisis. De este pecado no se salvan de ningún espectro político. No es nuevo que algún diputado o alcalde salga con alguna “campeonada” que muchas veces no se queda en solo una declaración.

El segundo elemento que preocupa es la ligereza con la que se toman sus cargos. Si con la misma ligereza con la que se desconoce a Brasil se hacen políticas públicas y se enfrentan problemas como la pobreza, el desempleo y la delincuencia, no nos extrañemos que El Salvador lleve el rumbo que lleva. Porque sí, vamos mal. Los índices económicos y delincuenciales cuentan una historia muy distinta de la que nos cantan en la propaganda del FMLN.

Desconocer a un Gobierno es gravísimo. Declaraciones como las de esta semana, más que agallas, parecen novatada. No es cualquier fulano, es el presidente. No tomarse en serio lo que el título conlleva solo demuestra la poca aptitud que se tiene para ello. Si nosotros como ciudadanía y electorado no les pasamos factura política a personajes así, vamos a seguir viendo más de lo mismo.

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