Mezquindad y falta de visión política

Los partidos políticos se han caracterizado por la incapacidad de adoptar una visión en conjunto y a largo plazo que logre revertir los problemas estructurales que enfrenta el país. Antes bien, el hábito que predomina es el cortoplacista, es decir, la toma de decisiones apresuradas, instantáneas y sin formulaciones coherentes.
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Las consecuencias de vivir de esta forma, esto es sin una planificación estructurada y sistemática, originan caos y desorden.

El sistema político parece que siempre opta solo por aquellos resultados que le rindan beneficios a la brevedad, sin tomar en consideración que las políticas más transcendentales tardan años en conformarse y dar frutos.

Todo lo valioso exige esfuerzo y constancia, elementos importantes para que una sociedad pueda tener un mejor desarrollo.

La mala ejecución se expresa de forma evidente en el transporte, la salud, seguridad y educación, entre otros. Ciertamente, estos problemas tienen de fondo causas históricas que han incrementado durante el tiempo, de modo que todas las fuerzas políticas cuentan con una cuota de responsabilidad.

Aunado a esto, los constantes conflictos en el congreso, actos de corrupción, junto a las discusiones en redes sociales y otros medios parcializan demasiado la toma de decisiones vitales para la sociedad salvadoreña.

Con facilidad, la retórica política, vacía y sin contenido, pronto se transforma en un show y deja de lado los argumentos serios.

Este desdén y falta de interés para aportar soluciones en conjunto niegan cualquier posibilidad de desarrollo. Por el contrario, prima el espectáculo político, las fotografías de diputados dormidos, portando armas o incluso utilizando el móvil para jugar mientras se discuten problemas de primer orden.

Y la sociedad observa, una y otra vez, los atropellos de las instituciones, como la compra de pines de oro en la Corte Suprema de Justicia (CSJ), el gasto de viajes aéreos en primera clase de la Asamblea Legislativa, así como la mala administración de los fondos públicos por parte del Gobierno.

Parece que vivimos sumidos en un letargo, aceptando con facilidad este tipo de actos. A lo mucho, el malestar se hace patente en redes sociales, al menos a través de los memes o las críticas vertidas al sistema político. Pero pocas veces la discusión trasciende de este medio.

Del mismo modo, las recientes encuestas de LPG Datos y el IUDOP demuestran, además de la baja calificación otorgada al presidente, que muchos salvadoreños han dejado de creer en la política, por lo menos en lo que respecta a la forma tan nefasta y arbitraria en que la ejercen los partidos. Todos parecen buscar provecho y, por si fuera poco, conjugan el miedo y la descalificación al contrincante para polarizar más la situación en el país.

Es importante repensar el sistema político, porque tal y como está organizado, permite seguir reproduciendo el mismo esquema, independientemente entren nuevos rostros que prometan cambios. En lo fundamental, la estructura queda intacta; se hacen correcciones mínimas, insustanciales, que no alteran los cimientos que generan corrupción y falta de transparencia. Estos elementos explicados arriba atan cualquier posibilidad de articular un esfuerzo en conjunto que involucre a todos los partidos políticos para trazar un verdadero plan de nación. Mientras sigan predominando los intereses mezquinos, la situación continuará igual o peor. Por lo tanto, exigir reformas a los partidos debe convertirse en una necesidad imperiosa.

De esta forma, si existe presión de la sociedad civil, más el compromiso serio de todas las fuerzas políticas a crear planes de desarrollo a largo plazo y a darles continuidad, el país tendrá un camino que lo guíe.
 

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