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Mi experiencia con Irma

“La experiencia de vivir una amenaza grande de la naturaleza y millones evacuando con ansiedad, pero sin drama, la tensión de las horas previas escalando, es una experiencia de vida, por eso la comparto. La angustia de casi quedar atrapados, también, hay que poner las cosas en manos de Dios”.
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Me encontraba en Miami para una labor de unas dos semanas, se presentó Irma en el Caribe y pintaba que después del huracán habría suficiente lluvia, inundaciones, falta de electricidad y lo usual en esos fenómenos, decidimos reprogramar ante la incertidumbre, lo prudente. Lo siguiente era salir de Miami, manejar al norte, a Tampa u Orlando, los sabedores no lo recomendaron, o volar a cualquier lugar lejano.

 

 

Entonces nos dimos cuenta de que la gente comenzaba a entrar en miedo y evacuaba, las carreteras llenas, faltaba gasolina, arriesgado manejar así, los vuelos llenos, pero felizmente en la aerolínea que llegamos logramos espacio para el viernes 8, minutos después el vuelo estaba lleno.

 

El testimonio de cómo se incrementa la ansiedad y el miedo vale la pena compartirlo. La televisión y la radio transmitían casi exclusivamente sobre Irma, su tamaño gigantesco, las posibles trayectorias, que aunque variaban de acuerdo con los modelos del centro de huracanes de Florida, aunque se desviara, su tamaño, mayor que la península de Florida, de todas formas traería fuertes vientos, mucha lluvia e inundaciones desde el mar, mucha destrucción y tiempo de recuperarse.

 

El gobernador de Florida ordenó evacuación obligatoria de muchas zonas y recomendable de todos. Los medios y redes sociales transmitían constantemente la posible capacidad destructiva de Irma, su potencial devastador, así como gente poniendo tablas o metal sobre las ventanas de sus casas. La tensión escalaba y el nerviosismo caminaba a histeria colectiva. Evacuaron 6 millones de personas, la más grande en la historia de Florida. Alguna gente rehusó irse, diciendo que estaban bien protegidos, pocos al final.

 

Gobernador y autoridades urgían a evacuar inmediatamente, advirtiendo que no podría atender emergencias durante el paso del huracán, una y otra vez, muy efectivos disparadores. Movieron miles de soldados y personal entrenado para ayudar, lograron mantener abastecimiento aceptable de gasolina en carreteras y ciudades, colas de horas. El jueves, sin nada más que esperar y no manejar lejos para no gastar gasolina por precaución, vimos una ciudad desolada, fantasma, supermercados, centros comerciales, restaurantes vacíos y con orden de cerrar a las 4 p. m., las calles vacías, la tensión se podía cortar en el aire.

 

Todo ese tiempo monitoreamos constantemente el estado del vuelo 1479 de AA, hasta la medianoche del jueves mostraba “a tiempo” pero una ansiedad reprimida nos comía desde dentro. Por teléfono igual aseguraban que el vuelo salía y mis asientos estaban firmes. A las 6:30 a. m. del viernes ya aparecía “demorado”, daba mala espina, llegamos al aeropuerto 4 horas antes y en el mostrador nos dieron rápidamente los pases de abordar. Si algo fallaba, el plan B regresar a nuestro hotel a un salón comunitario construido para resistir... y pasar quién sabe cuántos días al garete.

 

En la puerta de embarque, a las 13 horas que debía salir el vuelo nos comunicaron que alguien de la tripulación no se presentó y así no podían volar por ley, que estaban tratando de conseguir otras tripulaciones, sin éxito. A las 15:30 los nervios de toda la sala estaban a tope, el aeropuerto cerraba a las 4. Llegó un oficial de vuelo, recibido con aplausos, luego el capitán, más aplausos... faltaban dos sobrecargos... a eso de las 4 aparecieron corriendo dos muchachas jóvenes que recién llegaban en otro vuelo, aplausos y hurras parecían gol en la Champions.

 

Las pistas llenas nos demoraron casi una hora, a las 5 p. m. finalmente despegamos, creo que el último que salió, muchos aplausos más. Nuestras oraciones y las de mucha gente que seguía el minidrama fueron escuchadas. Pregunté a una sobrecargo si regresaban, no sabían cuándo ni a dónde. Gracias por el sacrificio al personal de American Airlines.

 

Atrás quedó el verdadero drama como hemos visto en la TV, desastre menos grave de lo esperado, ahora a volver y reconstruir. Dios los acompañe.

 

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