Lo más visto

Mi padre, el violoncelista

Al llegar por primera vez a nuestro país le preguntaron en migración “¿profesión?”, “músico” respondió el chelista de la mejor escuela del mundo. “Sin profesión”, escribió el oficial de migración...
Enlace copiado
Mi padre, el violoncelista

Mi padre, el violoncelista

Mi padre, el violoncelista

Mi padre, el violoncelista

Enlace copiado
El sábado pasado, una joven violoncelista deleitó en nuestra casa a familiares y amigos con un recital donde tocó algunas de las Suites de Bach que de pequeños oíamos de nuestro padre. Después de graduarse en la Universidad de Costa Rica, avanzar en su formación musical y en el dominio de tan difícil instrumento, Ileana Marianella Rivera Rogel compartió su progreso con la audiencia tocando algunas de las más difíciles composiciones para chelo solo. Regresó así el familiar chelo a nuestra casa 34 años después de la partida de mi padre, decidiendo por primera vez compartir, públicamente, esta breve reseña de su vida.

Siendo todavía un niño, desde el balcón de una gran sala de conciertos, escuchó un solo de chelo que lo cautivó, gritándole a su madre que estaba en las primeras filas: “Mamá, mamá, ese es el instrumento que yo quiero aprender”. Nesti Aroneanu era su nombre, rumano, de padres judíos. A los 12 años comenzó sus estudios musicales y al terminar su bachillerato se fue a París a estudiar música y violoncelo en una de las dos mejores escuelas del mundo.

En la Escuela Normal de Música de París estudió con los más grandes: Casals, Alexanian, Fournier, Cortot, Thibaud, Boulanger. Con su hermano Eugene, después destacado jurista en Núremberg, se unieron a la resistencia difundiendo programas de radio en rumano. En la víspera de la toma de París por los nazis en 1939, la inteligencia de la resistencia lo animó a salir y adoptar otra identidad mientras leía una novela de un novelista apellidado Arène. Quiso conservar sus iniciales convirtiéndose en Nicolás Arène.

Viajó al sur de Francia, después cruzó los Pirineos donde fue capturado y fue preso en Lérida. Un cónsul inglés amante del violoncello lo sacó, le prestó un frac y un violoncelo dando su primer concierto en Barcelona. Después fue a Madrid donde fue contratado para una larga gira donde dio 600 conciertos desde Argentina a México.

Al concluir uno de ellos en Santiago de Chile con el gran pianista Claudio Arrau, llegó a felicitarlo el ex agregado cultural chileno en El Salvador, el poeta Juan Guzmán Cruchaga diciéndole: “Si va a El Salvador tiene que conocer a don Alberto Guerra Trigueros; a su esposa, Margoth, sobrina de Rubén Darío, y a sus dos bellas hijas...”, dándole una carta. Al llegar –finalmente– a nuestro país le preguntaron en migración “¿profesión?”, “músico” respondió el chelista de la mejor escuela del mundo. “Sin profesión”, escribió el oficial de migración...

Por la poca gente que llegó a su concierto y por el calor que lo sofocaba decidió marcharse cuando le ofrecieron un segundo concierto en el Teatro Nacional del que se enteró Guerra Trigueros, amante del violoncelo. “Quiero que me acompañen al concierto de un violoncelista francés”, le dijo a su esposa e hijas. Al concluir don Alberto lo felicitó, presentándose. El chelista respondió: “Yo tengo una carta para usted..., ¿y sus hijas?”, apareciendo las dos bellezas... De la mayor, María Teresa, que bailó por un tiempo en el Original Ballet Ruso en México, se enamoró el chelista, quedándose para siempre en este pulgarcito de América, donde procreó 4 hijos.

Fundó y dirigió el Conservatorio Nacional de Música cuando Reynaldo Galindo Pohl era ministro de Educación y Cultura y se impulsaron las bellas artes. Durante tres décadas tuvo programas semanales de televisión de música de cámara, escribiendo ese día una artículo sobre el compositor y su obra en su programa “Concierto” transmitido después en cada uno de los países centroamericanos donde dio cientos de conciertos. Un cuarto de siglo después regresó a París donde volvió a tocar, yendo después a su ciudad de origen –Bacau, Moldavia– donde tocó en una sala de conciertos construida muchos años después exactamente en el mismo lugar donde nació.

Era un socialista democrático y humanista que afirmaba que el brutal régimen comunista de Ceausescu destruyó la alegría de su pueblo, siendo crítico de las dictaduras e injusticias en Centroamérica. Después de tanto luchar por la formación musical en nuestro país, en sus momentos de frustración decía “no hay con quién”, expresando la ausencia de voluntad y contrapartes.

Debido a los riesgos de seguridad por mi participación política, les pedí a mis padres salir del país, recibiéndolos en una linda casita campestre en la carretera sur a 13 kilómetros de Managua. Allí pasó sus últimos días, tocando su violoncelo que dejaba para abrazar al segundo de sus nietos que lleva su nombre. Allí vio por última vez a su primera nieta, mi hija Elena, que le decía “Li-li-chelo” tarareando chiquita las notas del chelo de mi padre, el violoncelista.

Tags:

  • nesti aroneanu
  • chelo
  • moldavia
  • nicolas arene

Lee también

Comentarios