Milagros del agua

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El cuerpo humano posee el 70 % de agua , un 90 % se aloja en los pulmones, un 80 % en la sangre, en el cerebro el 70 %, pero diariamente se pierde entre el 10 y 20 %, según el tipo de actividad al caminar, el trabajo, ejercicios, etcétera, de acuerdo con las actividades realizadas por las diferentes personas mediante la transpiración, sudor, en relación con el clima, lo que obliga a ingerir al menos un litro al día para no exponerse a morir; además para la limpieza del cuerpo, lavar ropa, la preparación de alimentos y otros menesteres; por otra parte, lo consumido en el reino animal y el vegetal, incluyen la fauna y vida marina.

Considerando los beneficios que brinda este elemento natural, podríamos decir que además de un bien económico es milagroso, pero hasta qué punto podemos llamarlo “escaso”, es importante analizar el contexto global para entender, concluir y saber lo que debemos hacer para cuidar el uso del agua; no desconocemos que en nuestro planeta más del 80 % de la superficie lo ocupan los mares, lagos, ríos y mantos acuíferos, sin tomar en cuenta las lluvias del período invernal, pero de este total apenas un 34 % es agua dulce, la necesaria para la subsistencia orgánica terrenal.

Tomando en cuenta el incremento poblacional y de actividades ocasionadas por el desarrollo industrial y agrícola en general, el consumo de este líquido es mayor, permaneciendo constante los orígenes de abastecimiento, lo que obliga a encarecer su costo y buscar alternativas para localizarla y extraerla, además de su administración, que por las características especiales señaladas, es indispensable que quienes dirijan estos organismos deben tener la capacitad técnica para distribuirla, investigar y detectar la forma de obtenerla, evitando el compadrazgo que en nuestro medio estamos acostumbrados.

Entendidos han señalado el sistema de “Reservorios de Aguas Lluvias”, que en mínima medida han experimentado algunos organismos, partiendo del encauzamiento de las “quebradas” que en el invierno rebalsan y causan erosiones, inundaciones de tierras agrícolas y de poblados, con resultados catastróficos de muertes, pérdidas materiales y económicas en los cultivos, etcétera, por lo tanto debe saberse diseñar represas, pues actualmente más de 70 % del agua que nos regala el período invernal se esfuma, se pierde y una mínima parte se aprovecha.

Personas que viven en poblados pequeños y en el área rural, en parte aprovechan pocas cantidades del agua que cae del cielo, pero por sus limitaciones económicas solo poseen pequeños recipientes utilizable en cortos períodos de la época seca; recurso que con la ayuda de asociaciones o de los gobiernos local o nacional podrían ampliar en tanques de gran capacidad o lagunas artificiales que les permitieran servir a la agricultura y cría de peces, al menos debería incentivar a esa población para buscar la forma de encontrar apoyo nacional o internacional; una asociación de reciente formación relacionada con el fomento y conservación del medio ambiente ha iniciado gestiones para desarrollar este tipo de proyectos, se espera que tenga eco en los entes privados, gubernamentales e internacionales para la ejecución de proyectos que vengan a resolver en parte esta grave situación de muchos poblados, incluyendo la potabilización de las residuales y marinas, lo importante es la preocupación por conocer las necesidades de consumo promedio por habitante, a fin de establecer las cantidades globales a obtener para servir en la actualidad y en el futuro dado el crecimiento demográfico.

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