Lo más visto

Más de Opinión

Mirando el pasado para entender algo del presente

Un recorrido por nuestra historia nos muestra cómo hemos desperdiciado recursos, tiempo y dejado de invertir en el desarrollo por buscar soluciones violentas a la búsqueda del poder político.
 
Enlace copiado
Enlace copiado
Cita Héctor Lindo en su libro La economía de El Salvador en el siglo XIX que Robert Dunlop quien viajó por El Salvador en 1846 escribió: “El estado de San Salvador parece estar en una condición de lo más exhausta y arruinada a causa de los efectos de la prolongada guerra civil. Todo tipo de industrias está en sus últimas”.

Dunlop se refiere a las guerras de la federación centroamericana que se extendieron entre 1824 y 1842, en las cuales 23 jefes de Estado comandaron a salvadoreños en 40 batallas. Las consecuencias para la economía fueron inmensas.

En cuanto a las pérdidas de capital humano, se estima que hasta 1842 un total de 2,546 hombres murieron en combate y se utilizaron 87,900 meses hombre en el ejército. Como resultado, la falta de mano de obra para la producción afectó la capacidad productiva del país. Lindo cita a Alejandro Marure: “Los alistamientos se hicieron con un rigorismo extraordinario: el labrador fue arrancado de sus pacíficas ocupaciones para convertirse en guerrero; el estudiante abandonó las aulas para tomar las armas o mantenerse escondido y fugitivo”; y a Dunlop: “El gobierno se ocupó de agarrar a los hombres, como que fueran ganado serrano, para hacerlos soldados, aquí y en todas partes del estado, además de recaudar dineros mediante contribuciones forzosas”.

La destrucción de capital también fue sustancial. En 1828, 1,268 edificaciones entre privadas, públicas y religiosas fueron destruidas. Por supuesto, la inseguridad y la incertidumbre provocó que se dejara de invertir y de dar crédito para la producción.

Lindo comenta cómo en Costa Rica, “un país que se mantuvo mayormente al margen de los conflictos centroamericanos, sentaban las bases de sus instituciones de crédito e incrementaban sus reservas de capital”, mientras nosotros destruíamos nuestras pocas capacidades productivas.

En la segunda mitad del siglo continuaron las guerras con gran desperdicio de tiempo y recursos del país, no obstante, en menor cuantía. Ciertamente entre 1842 y 1890 hubo cinco guerras contra Guatemala, cuatro contra Honduras y dos contra Nicaragua. En 1870 uno de los bandos ordenó quemar 400 fincas de café, quizás una cantidad algo exagerada.

En el siglo XX ocurrió el levantamiento campesino que dejó miles de salvadoreños muertos a principios de los años treinta y luego ocurrieron doce años de guerra revolucionaria entre 1980 y 1992, con gran destrucción de capital productivo: fincas, puentes, torres de transmisión de energía eléctrica, y de capital humano: se estima que murieron 75 mil personas. Esa guerra y la política del momento acabó con el modelo exportador de café y provocó la masificación del proceso migratorio hacia EUA. Los costos económicos y sociales fueron enormes.

Hoy continuamos en un proceso altamente polarizado y de inseguridad institucional, económica y vital que nos obliga a continuar desviando recursos productivos. No es raro que Costa Rica no enfrente muchos de los problemas que nosotros hoy cosechamos.

Cuando vemos los riesgos de los emigrantes y las angustias de los que lograron llegar al otro lado por las duras políticas de inmigración del presidente Trump en Estados Unidos, cuando acá al interior nos sentimos amenazados por las pandillas, no debemos olvidarnos que la manera de buscar soluciones violentas a los problemas durante los últimos doscientos años tiene mucho que ver en estos resultados y debería enseñarnos a buscar soluciones civilizadas para intentar construir un país donde todos tengamos oportunidades de conseguir una vida productiva y más segura.
 

Lee también

Comentarios