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Miremos al futuro

A casi 23 años es oportuno recordar los puntos de la Agenda de Ginebra (la democratización, los derechos humanos y la unificación de la sociedad) y construir la agenda El Salvador.
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La firma de los Acuerdos de Paz entre el Gobierno de El Salvador y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional llegó a 21 años. A diferencia de lo que conviene para la identidad y unidad nacional, la fecha se utiliza para destruir nuestra estima nacional insistiendo en lo que no tenemos y olvidando lo que todos, con mucho esfuerzo, hemos ido construyendo durante este período.

La fecha se utiliza para demostrar que se añora la confrontación y existe el empeño en encontrar a los culpables de lo que no se ha hecho. Es la postura fácil y cómoda.

A 21 años de los Acuerdos de Paz ojalá la fecha del 16 de enero sirviera para destacar lo que se ha logrado en distintos ámbitos, ojalá el 16 de enero sirviera de referencia para visualizar las prioridades de futuro, sirviera para abonar al sentimiento de identidad nacional, para abonar el sentimiento de orgullo nacional y, sobre todo, para fortalecer el sentido de pertenencia.

Hay documentos históricos que nos recuerdan que el Gobierno de El Salvador y el Frente Farabundo Martí “dos años antes (Ginebra, abril de 1990) acordaron una agenda que identificó los cuatro objetivos generales de la negociación: (1) La terminación del conflicto armado por la vía política (esto, entiendo, fue lo sustancial en los Acuerdos de Paz). (2) El impulso de la democratización del país. (3) Las seguridades sobre las garantías y el respeto de los derechos humanos. (4) La reunificación de la sociedad salvadoreña.

El objetivo (1) tuvo la participación y el seguimiento de Naciones Unidas en el país para “ir adoptando con un criterio realista el calendario original”.

Hasta 1996 se hicieron recalendarizaciones “al cumplimiento de los diferentes compromisos asumidos por las partes, a las condiciones impuestas por las dificultades materiales y de orden político que se fueron presentando en el país a partir del fin de la guerra”. Se recalendarizó el cumplimiento para que se fueran cumpliendo de la manera “menos traumática posible”.

Los documentos históricos registran las recalendarizaciones que reflejan la voluntad de las partes para honrar los acuerdos a pesar de cualquier adversidad. Hubo acuerdos complementarios que fueron “la respuesta de las partes a diversas situaciones complejas relacionadas con los Acuerdos de Paz. Se refieren a aspectos cuya aparición no fue posible prever durante la negociación del acuerdo o que, a juicio de las partes, debían ser objeto de redefinición o reajuste debido a exigencias impuestas por la realidad política”. Así está registrado en los Informes de Ejecución.

El Informe de la Comisión de la Verdad, que es de irrestricto acceso a todo aquel interesado en conocer detalladamente los casos y patrones de violencia de las partes involucradas en el conflicto, destaca el logro del objetivo n.º 1 del Acuerdo de Ginebra.

El Informe de Ejecución de los Acuerdos de Paz registra el cumplimiento y destaca dos características del proceso: “El funcionamiento regular de mecanismos de consulta y una inextinguible creatividad para encontrar las soluciones razonables y adecuadas a los diferentes problemas que se fueron presentando en el camino”. Estas características tan particulares a 21 años parece que se perdieron. ¿Se olvidaron a partir de diciembre de 1996?

A 21 años de los Acuerdos de Paz comparto que se cumplió con lo acordado.

Y también que muchos podemos compartir la afirmación de la Comisión de la Verdad en su informe: “No habrá reconciliación de la familia salvadoreña fuera de un escenario de reconciliación nacional y esta tampoco será posible sin la noción de la unidad fraterna del pueblo salvadoreño”.

A casi 23 años es oportuno recordar los puntos de la Agenda de Ginebra (la democratización, los derechos humanos y la unificación de la sociedad) y construir la agenda El Salvador.

La gente quiere vivir y trabajar en paz y se tienen relaciones fraternas independientemente de las simpatías partidarias. Estamos en plena campaña electoral y los líderes históricos están utilizando los medios para demostrar su falta de comprensión y sensibilidad a la necesidad de construir “unidad fraterna” ante a las oportunidades y problemas comunes. Unidad fraterna exige rescatar la autoestima, estimular la identidad y asegurar el sentido de pertenencia. ¿Para cuándo?

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