Misión felicidad

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Si algo está siempre en la mira de los seres humanos es la posibilidad real de ser felices; pero la dificultad mayor que se presenta para ello es que el tránsito del anhelo a la realidad exige decisión, preparación y aplicación. ¿Cómo decidirnos a ser felices? Analizando sinceramente lo que queremos, con la suficiente sinceridad aclaratoria que ilumine el horizonte de la propia vida. ¿Cómo prepararnos para ser felices? Poniendo todos los motores de la voluntad en armonía para que el propósito de la felicidad pueda avanzar hacia su meta. ¿Cómo decidirnos a ser felices? Accionando los mecanismos que ponen a dichos motores en funcionamiento, a partir de una convicción que no admita vacilaciones ni condicionamientos. ¿Cómo aplicarnos para que todo lo anterior pueda asumir el rango de movimiento armonioso e integrado? Reconociendo que la felicidad es un plan que debe asumirse como tarea programática, que si bien no puede escapar de antemano a las eventualidades propias de la vida, tiene que activarse de la manera más coherente que sea posible. Ser feliz es estar en sintonía con lo que queremos como realización personal. Ser feliz también es aprender a encontrar satisfacciones autorrealizables aun en medio de las circunstancias tan cambiantes que nos salen al encuentro a cada paso. Y que no quede en duda que ser feliz no es una fotografía fija sino un conjunto de imágenes que se intercambian sin choques artificiales. Animémonos a la felicidad, que es una empresa viva y no un cuento de hadas. Tal empeño viene a ser el mejor antídoto contra la frustración y el desencanto, que son los peores virus que nos acechan.

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