Lo más visto

Más de Opinión

Modelo, proporción de Estado y desarrollo

Las circunstancias muestran un agravante adicional; mientras el Estado se expandió, el esfuerzo social por la educación y la salud pública, no cambiaron.

Enlace copiado
Andrés Oliva - Economista con máster en finanzas

Andrés Oliva - Economista con máster en finanzas

Enlace copiado

El Estado lleva a la práctica el rol que la sociedad le otorga por medio del gasto público. Por lo tanto, para realizar una medición del tamaño del Estado y de su participación en la economía, aspecto que siempre es discutido entorno a los dilemas del modelo económico, se debe partir de la relación entre gasto público total y valor de la producción o Producto Interno Bruto.

El examen de largo plazo de esa cifra muestra que entre 1990 y 2018, en El Salvador han acontecido dos tendencias distintas. La primera, entre 1990 y 2009; y la segunda entre 2009 y 2018. Durante el primer período, el gasto del Estado fue creciendo más rápido que la economía, con lo cual su tamaño se expandió alrededor de 10.3% del PIB, pasando de 15.7% del PIB en 1990 a 26% del PIB a 2009; mientras en el segundo momento, el porcentaje se mantuvo prácticamente estable en 26%.

Si bien se introdujeron medidas que abrieron la economía a la competencia internacional, y otros aspectos de libertad, en general, no se propició un Estado más pequeño; por el contrario, durante las últimas dos décadas, recurriendo a más endeudamiento y a más impuestos el Estado se agrandó.

Las circunstancias muestran un agravante adicional; mientras el Estado se expandió, el esfuerzo social por la educación y la salud pública, no cambiaron. Hace diecinueve años como ahora ambos representan prácticamente igual proporción; mientras alcanzaron 5.6% en 2001 del PIB, en la actualidad alcanzan 5.8% del PIB.

Lo anterior revela, que el rol que actualmente desempeña el Estado, va más allá del considerado en la tradición más liberal del pensamiento económico que se decanta por un Estado pequeño, pero eficaz. Milton Friedman, en su libro Libre para Elegir, circunscribe la acción del Estado a cuatro funciones básicas. Primero, proveer seguridad; segundo, administrar justicia, donde se vele por el cumplimento de los contratos que dan paso al intercambio, manteniendo las reglas del juego; tercero, proveer bienes públicos, porque en algunos casos, los costos de ciertos bienes necesarios no satisfacen su producción; cuarto, sin cerrar la puerta a un rol "subsidiario", con cautela, Friedman le otorga la función de proteger a los miembros de la sociedad que no pueden ser considerados como individuos "responsables", porque no se "puede rechazar categóricamente el paternalismo" sobre aquellos que lo requieren. Friedman también advierte sobre la diferencia entre gastar tu dinero en ti y de tu real preocupación por ser cauteloso y sacar el mejor provecho de tu dinero, a gastar el dinero de otros en otras personas, como lo realizado con la acción pública por medio de impuestos o deuda. En este segundo caso no hay estímulo por sacar el mejor rendimiento, más bien el incentivo palpable es quedar bien con la mayor cantidad posible de personas, ya sea con clientelismo político o nepotismo; por lo que los controles institucionales, la transparencia e indicadores de eficacia, sin duda, en todo momento, son imprescindibles. Independientemente de su opinión particular, sin juzgar el medio para alcanzar algún resultado en sí, lo más acentuado o constante y llamaría a no olvidar, es justamente el hecho revelador que, sin lugar a dudas, desde los acuerdos de paz, tanto la expansión del Estado como nuestra búsqueda por mejor desarrollo, se mantienen y lo segundo no ha precedido a lo primero. Cabe al menos, la duda que lo necesario, es algo que el país no tenido.

Lee también

Comentarios

Newsletter
X

Suscríbete a nuestros boletines y actualiza tus preferencias

Mensaje de response para boletines