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Modernización de la justicia

Aun cuando no hemos compartido algunas de las reformas realizadas en el sector justicia, sobre todo aquellas de carácter administrativo que han tenido que ver con el funcionamiento diario de los tribunales judiciales, tenemos que reconocer que hemos visto con bastante optimismo algunas otras, siempre con la esperanza de que las mismas hagan más accesible la justicia, tanto a quienes somos usuarios ordinarios del sistema, como a quienes lo hacen solo de manera eventual.
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Para el caso, siempre hemos destacado el tremendo avance que ha significado la implementación de la oralidad en materia civil y mercantil, dejando de lado un sistema que ya era obsoleto desde hace varias décadas.

Pero si bien pregonamos que debemos comenzar este año con optimismo pleno, ello no significa que tengamos que cesar en criticar constructivamente todo aquello que nos parezca que no funciona bien. Y en esto no se vale excusarse en el mal de otros, pues sabido es que ello solo es consuelo de tontos.

La justicia en El Salvador dista mucho de ser moderna; siguen los desaciertos en muchos fallos por la falta de valoración de las pruebas con medios tecnológicos, siguen los problemas de corrupción, falta de preparación de los juzgadores, carencia de principios, valores y vocación en estos. La Escuela de Capacitación Judicial aún tiene muchísimas tareas que realizar. Esto se refleja desde las más altas magistraturas hasta los juzgados de Paz; incluso aquellos que solo ven unos pocos casos al año.

Claro está que el Órgano Judicial debe ser el primer y principal encargado de promover la modernización en el sector Justicia, proponer y solicitar las reformas legales oportunas, reorganizar el trabajo de los tribunales, identificar procedimientos administrativos verdaderamente eficientes que no alejen a los jueces de las partes y los litigantes.

Es imprescindible que de una vez por todas se facilite la utilización de la tecnología; no debe tenerse miedo al uso de la misma, sino explotar al máximo sus bondades. Es increíble que a estas alturas, con el tremendo desarrollo de los medios de comunicación, en las mismas salas de la Corte Suprema de Justicia se emitan resoluciones en marzo y se notifiquen hasta diciembre, simple y sencillamente porque no se hace uso del fax o del correo electrónico. Es importante elaborar un programa bien estructurado que permita superar o atenuar, en un plazo razonable, las deficiencias de nuestro sistema de justicia. Solo así lograremos realmente crear un Estado de Derecho en nuestro país, que genere confianza, credibilidad, y que consecuentemente produzca las condiciones de estabilidad y seguridad que precisa el crecimiento de nuestra economía y la posible disminución de los gravísimos problemas sociales que enfrentamos.

Para que la modernización sea eficaz, debe atacar el fondo de las cosas; deben modificarse los patrones culturales; debe adoptarse una actitud autocrítica pero propositiva, con responsabilidad y sin evasiones, desempeñando el papel que nos toca sin eludir en ninguna medida aquellas cargas que deben asumirse, sin poner excusas. Pero primero que nada debe haber voluntad de modernizar. Lo que debemos esperar de un programa de modernización es que se deje a un lado lo malo, aproveche lo bueno y se construya un sistema que valga la pena. Eso lo demandamos no solo los abogados, sino todos los ciudadanos.

Por último, la justicia para poder ser moderna debe ser verdaderamente ciega, no importando quienes estén del otro lado del estrado; todos deben recibir el mismo tratamiento. Y aunque parezca paradójico por el tema que abordamos, vale la pena traer a colación la concepción que de la justicia se tenía desde tiempos inmemoriales. Para el caso, la mitología griega nos muestra a Temis, quien se consideraba tenía la potestad de dictar sentencias incluso a los dioses; eso esperamos de nuestros jueces.

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