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Momento decisivo

El Salvador está sumergido en una compleja crisis y enfrenta inquietantes amenazas globales (cambio climático, crimen organizado, epidemias y neopopulismos). Esto quiere decir, entre otras cosas, que es insensato que los dirigentes y burócratas partidarios sigan promoviendo la polarización ideológica y luchando por el control del aparato estatal. Ante tan desfavorable situación, una opción democrática es que los ciudadanos y sus organizaciones se esfuercen por tener un peso específico y voz propia.
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En este marco y dado que los partidos ya están pensando en sus candidatos para las elecciones municipales y legislativas de 2018 y presidenciales de 2019, a continuación se exponen cinco factores que pueden contribuir a una mejor lectura de la realidad nacional y a identificar planteamientos que los representados (gobernados) le pueden hacer a sus representantes (gobernantes).

Factor 1. Los partidos políticos atraviesan por una crisis de credibilidad. Este hecho demanda que los dirigentes partidarios mejoren su imagen pública, atiendan las prioridades de los catorce departamentos y establezcan comunicación con ONG, iglesias y movimientos sociales. Consiguientemente, esta puede ser una buena ocasión para que la sociedad civil y el círculo académico debatan sobre la localización (estrategia para combatir la pobreza a través de la mejora de servicios públicos y la ampliación de oportunidades de inversiones, negocios y empleos en el ámbito territorial).

Factor 2. El “voto duro” de los partidos es importante pero insuficiente para ganar las elecciones. Esto hará que los candidatos se aproximen a los actores locales y creará un favorable período para que los aspirantes a alcalde, diputado y presidente se comprometan con la descentralización (proceso que acerca el Estado a las comunidades y hace más transparente la gestión pública).

Factor 3. Las cúpulas partidarias no tienen la voluntad requerida para construir un Plan de País. Este punto genera una oportunidad histórica para que las organizaciones sociales, el círculo académico y los medios de comunicación sumen esfuerzos para sensibilizar a los gobernados acerca de los beneficios de la despolarización ideológica, la independencia de los órganos de Gobierno y la terminación del reparto partidario de organizaciones gubernamentales.

Factor 4. Las finanzas públicas están en aprietos y los gobernantes parecieran inclinarse por un ajuste fiscal sin un Plan de País. De ser así, se optaría por “apagar el incendio” y reforzar el centralismo. Al respecto existe la expectativa de que se establezca un impuesto predial y los ingresos así generados vayan al Ministerio de Hacienda y no a la alcaldía correspondiente.

Factor 5. El crimen organizado está penetrando las esferas estatal, empresarial y comunitaria. Por ello y tan importante como aplicar la ley (investigar, perseguir y castigar el delito), es la regeneración del tejido social y la dinamización de las economías locales. Consiguientemente, las propuestas que hagan los candidatos en este tema le permitirán a los electores precisar quiénes apoyan el centralismo y quiénes la localización.

Conclusión: El Salvador demanda que los gobernados alcen su voz constructivamente. ¿Para qué? Para vencer los planteamientos anacrónicos y sacar adelante al país. Conviene, entonces, potenciar los liderazgos democráticos y los deseos de superación que tiene la mayoría de salvadoreños. En este contexto, las alternativas que tendrán los candidatos de 2018 y 2019 son: maquillar el viejo centralismo o impulsar la apertura interna (diálogo, cooperación pública-privada y localización).

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  • democracia
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  • polarizacion
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