Moral, Urbanidad y Cívica: indispensables para que la sociedad funcione como debe ser (I)

Hoy, a la luz de la situación tan desesperante que vive el país en tantos sentidos, el imperativo de revisar líneas de enseñanza se hace apremiante, y la decisión legislativa a la que nos referimos está en esa categoría.
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En días recientes, la Asamblea Legislativa aprobó por mayoría el retorno al currículo de la educación nacional tanto pública como privada de una asignatura que estuvo ahí por largo tiempo y que salió del mismo cuando se dispuso hacer una reforma dizque técnica, sin tomar en cuenta las verdaderas realidades del ambiente. Hoy, a la luz de la situación tan desesperante que vive el país en tantos sentidos, el imperativo de revisar líneas de enseñanza se hace apremiante, y la decisión legislativa a la que nos referimos está en esa categoría. Desde luego, las voces discrepantes no se han hecho esperar, desde las que dicen que las decisiones sobre currículo le corresponden a Educación hasta las que opinan que no hay personal capacitado para impartir dicha materia en lo inmediato.

Al hacer un recorrido por nuestra situación en este campo, lo primero que salta a la vista es lo que hemos venido perdiendo a lo largo del tiempo. Pongamos énfasis en un hito memorable, que se estableció hace más de un siglo, allá en 1913. Gobernaba don Carlos Meléndez y era Ministro de Instrucción Pública el doctor Francisco Martínez Suárez, padre del ilustre doctor Alfredo Martínez Moreno. En un decreto ejecutivo del 9 de mayo de 1913 se estableció el programa de Instrucción Cívica, de carácter integral y progresivo, que incluía la presencia de ésta en la educación universitaria y en la formación castrense; y a los 29 días del mismo mes y año se estableció el Plan de Moral Práctica. Y para habilitar el adecuado material docente, el 4 de julio de 1913 se hizo la convocatoria a un concurso para escribir una obra de texto que contemplara tanto la Enseñanza Cívica como la Enseñanza de Moral Práctica y Social.

El Jurado de dicho certamen estuvo compuesto por tres personalidades intelectuales del más alto nivel: don Víctor Jerez, don Manuel Delgado y don Santiago I. Barberena. Y al abrir las plicas a las 9:30 a.m. del día 4 de mayo de 1914 resultó ganador el trabajo denominado “Comentarios sobre Instrucción Cívica y Moral Práctica”, del Dr. David J. Guzmán, un hombre de extraordinaria trayectoria intelectual y cívica, que quedaría en el registro de nuestra historia patria como una de las figuras más representativas de todos los tiempos.

La obra de 318 páginas se publicó de inmediato, y el autor puso al frente de la misma unas palabras que son muy reveladoras tanto de la intención creativa como de los propósitos prácticos. Dice uno de sus párrafos: “Grato me será que este libro sea llevado en el bolsillo como un fiel amigo en los viajes, a través de campos y florestas; hacer parte de la estancia del obrero honrado de los campos o del taller del artesano, para renovar en sus almas aquellas virtudes cívicas y morales que reclaman la Patria o los sagrados deberes de la sociedad y la familia; grato me será que, al descuido, el libro ruede entre los utensilios del trabajo, en el costurero de la madre de familia o en la barca del pescador, para ser leído al expirar los crepúsculos vespertinos; en una palabra, formar cuerpo y alma de todos los desheredados de luces y dinero, de todas las profesiones, de todos los actos de un pueblo que tiende a ensanchar su vida en todas las manifestaciones del progreso. Gozar de tal privilegio sería, en verdad, el colmo de la gloria, puesto que ésta sólo vive en aquella máxima: Ser útil, procurar el bien, que es la identificación con la virtud y el amor”.

Hace un poco más de 100 años que aquel empeño educativo, con buenas raíces en nuestra tradición cultural, salió al aire de la vida nacional. Como afirma explícitamente el doctor Guzmán, se trataba de modelar principios y valores en la conciencia y en el alma de todos, desde los más sencillos hasta los más pudientes. Esa es, desde luego, la función del quehacer educativo en todas las épocas y en todos los lugares. Nos faltó y nos falta mucho por lograr al respecto; pero lo que nunca hay que hacer es soltar el empeño. El Civismo, la Urbanidad y la Moral no le pertenecen a nadie en exclusiva: son ejercicios de perfeccionamiento accesibles para todos, como dice tan elocuentemente el doctor Guzmán en sus líneas introductorias.

Si hace un siglo surgió un empeño como el que aquí recordamos, ¿cómo es posible que hoy, cuando todos los medios formativos están a la mano, no hagamos algo ni siquiera parecido? Hay que salir de este marasmo espiritual y existencial cuanto antes, para que así podamos moldear presente en clave de futuro.

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  • educacion
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