Moral, urbanidad y cívica: indispensables para que la sociedad funcione como debe ser (y II)

La clave está en tomar conciencia generalizada de que nos vamos hundiendo en una lastimosa orfandad de valores, que hay que revertir lo más pronto posible.
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Moral, urbanidad y cívica: indispensables para que la sociedad funcione como debe ser (y II)

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Cuando hablamos de Moral, de Urbanidad y de Cívica no nos referimos sólo a consejos de buena práctica comunicativa sino también, y de manera fundamental, a enseñanzas de disciplina personal ordenadora de la conducta. En la obra a la que aludíamos en la columna de la pasada semana, original del doctor David J. Guzmán, el contenido es altamente orientador en ambos sentidos. Veamos algunos temas que desarrolla:

En lo que se refiere a la Moral Práctica, se distingue entre los deberes del individuo para consigo mismo y los deberes del individuo para con la sociedad. Son 36 los apartados que se desarrollan; y de su simple mención es posible colegir la riqueza de los contenidos. CULTURA FÍSICA: 1. Consideraciones generales sobre el hombre físico; 2. Suicidio; 3. El aseo; 4. Acción bienhechora del trabajo; 5. El sueño; 6. Dormitorio ventilado; 7. Temperancia, alcohol, morfina, tabaco; 8. Sensualidad, vicios carnales; 9. Alimentación; 10. Ejercicios gimnásticos, deportes. CULTURA MORAL: 11. Las buenas costumbres; 12. Dignidad humana; 13. Castidad, pornografía; 14. Pereza y ociosidad, avaricia, prodigalidad; 15. Ahorro, lujo; 16. El juego; 17. Orgullo y vanidad, verdad y mentira; 18. Calumnia y envidia, maledicencia y fraude, delación; 19. Sentimienbto legítimo del honor, duelo. CULTURA INTELECTUAL: 20. Cultivo de las facultades intelectuales; 21. Medios para fundar y sostener la familia; 22. El matrimonio; 23. Paternidad y maternidad; 24. Obligaciones filiales; 25. Espíritu de familia, orden en la casa; 26. Deberes como obrero industrial, profesional, empleado particular, etc.; 27. Deberes generales del ciudadano; 28. El servicio de las armas, la guerra, la guerra civil; 29. Inviolabilidad de la vida humana; 30. Asesinatos políticos; 31. Respeto a la propiedad; 32. Tolerancia política; 33. Tolerancia religiosa; 34. Deberes de caridad; 35. Altruismo y egoísmo; 36. Fraternidad humana.

Y en lo que toca a la Instrucción Cívica hay otro catálogo de temas igualmente rico y educador. El punto que en primer término se hace evidente es que hay aquí todo un vivero de inspiraciones puesto al alcance de todos, independientemente de sus rangos de procedencia social. El propósito básico lo explicita don David J. Guzmán en la Nota Introductoria: “Quiera Dios que este modesto volumen sea, bajo el amparo de las ideas en él consignadas, el pan cotidiano de todas las almas honradas y entusiastas por el bien público, que sepan apreciar el esfuerzo de esta literatura popular que en resumen no es más que una de las formas del patriotismo, del amor a la Patria”.

Lo que queremos destacar es el abierto contraste entre lo que se tenía hace más de un siglo y lo que se tiene hoy en lo referente a la formación personal básica. Entonces, cuando las condiciones de la realidad no eran ni la sombra de complejas y caóticas de lo que son ahora, había interés institucional por proveerle al ambiente los insumos educativos para que la convivencia pudiera ir perfeccionándose moral y cívicamente en todos los espacios de la sociedad, pese a las grandes imperfecciones estructurales de la misma; hoy, en cambio, cuando vivimos una crisis socioexistencial y psicocultural verdaderamente alarmante, ni siquiera se cuenta con lo mínimo, en recursos educativos y en prácticas cotidianas, para darle al ente nacional en su conjunto los alientos de superación real conforme a lo que ahora mismo se está necesitando.

Revivir la Moral, la Urbanidad y la Cívica en el currículo es un paso en la buena ruta, pero sólo un paso. La clave está en tomar conciencia generalizada de que nos vamos hundiendo en una lastimosa orfandad de valores, que hay que revertir lo más pronto posible. Este debe ser un compromiso multisectorial sin excepciones, que nos ponga a todos a trabajar en serio por eso que los jóvenes llaman “el país que viene”. La indiferencia no se vale y mucho menos la frivolidad o el cinismo.

Es indispensable hacer germinar en el país la cultura de la convivencia pacífica, segura y realmente progresista. No hablamos de la paz en abstracto, ni de la seguridad burocratizada ni del progresismo en función ideológica: nos referimos a la paz como resultado de la integración social armoniosa, a la seguridad como ejercicio interactivo de la ley y del desarrollo y al progreso como dinamismo resultante de una democracia plena y bien vivida. Y para todo ello se requieren dos cosas fundamentales: instrucción y ejemplo, en la familia, en la escuela y en la sociedad. Eduquémos en todos esos órdenes para que el país pueda llegar a ser lo que debe ser.

Tags:

  • moral
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  • sociedad
  • valores
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