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Motores de crecimiento y mucha honestidad

La ecuación macroeconómica básica vista por el lado del producto o por el lado de la demanda busca con urgencia motores de crecimiento. El ingreso nacional que se genera en el país demanda de mucha honestidad para que este sea distribuido con la mayor eficacia posible y con toda la honestidad, erradicando con voluntad política esa peste o plaga llamada corrupción.
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En efecto, en cualquiera de los sectores productivos es de extrema urgencia impulsar las actividades agrupadas como primarias, secundarias o terciarias, también identificadas como sectores: agropecuario, industria manufacturera y servicios. Es necesario dinamizar alguna o varias actividades capaces de convertirse en motores de crecimiento y generadores de empleo, para superar un largo período de lento crecimiento y erradicar así lo que se le ha dado en llamar entrampamiento productivo, para alcanzar y de ser posible rebasar ese 3 % de crecimiento, que nos diferencia del resto de países de la región centroamericana que registran un crecimiento promedio de alrededor del 4 %.

Esos motores de crecimiento debiesen encontrarse en las ramas productivas, en la inversión privada o en las exportaciones. En inversión urge que el sector privado supere el porcentaje de crecimiento lento que lo destaca. También se hace absolutamente necesario dinamizar la producción exportable capaz de competir en el exterior, con mayor inversión, conocimiento y tecnología. Países que eran más pobres que El Salvador hace apenas cuatro décadas, lograron ubicarse en la categoría de países en desarrollo.

Se pretende subrayar, “algo que saben todos pero no se hace nada”, la urgencia de un crecimiento sostenido. Lógica fundamental, dirán algunos lectores, se inventó la pólvora, dirán otros; sí, pero esa es la solución y no hay otra, sin entrar en detalles y preguntas del cómo hacerlo, puesto que esa pregunta nos arrastra a un círculo vicioso del que no queremos salir y no tomar acción y situarnos en un círculo vicioso de conmiseración y de señalamiento sistemático a los políticos que nos arrastra a una inanición sepulcral. Se quiere enfatizar en este breve espacio, únicamente, el absoluto convencimiento de que el crecimiento económico es la única solución para resolver los problemas que aquejan a este país, que ya son calamidades: las pensiones, déficit fiscal y violencia crónica. Es absolutamente necesario una mejor distribución del ingreso, pero se necesita “lógicamente” que el pastel sea más grande.

El otro aspecto es la necesidad de formar calidad de ciudadanos, que se manifieste en el respeto al prójimo, no más gangueros, el pago de los impuestos que nos corresponde, erradicando la evasión y elusión fiscal y absteniéndose de dilapidar el dinero que se recolecta de los buenos ciudadanos y de las eficaces empresas. En este país, la responsabilidad ciudadana nunca se ha hecho evidente. La irresponsabilidad y la ganga es el perfil predominante.

Si el pastel se agranda, se iniciaría un circulo virtuoso, el salvadoreño no tendría que llevarse su capital e invertirlo en otro país para obtener ganancias, tampoco la mano de obra emigrar para poder subsistir, el impuesto conocido como IVA pudiese ser el 15 % y volver a un impuesto al patrimonio para cubrir el déficit fiscal incluyendo pensiones, los niños podrían empezar a ir a la escuela hasta los siete años, para recibir su educación básica y con valores en el hogar. Necesitamos capacitarnos, consumir acorde a lo que producimos y ser honrados. Perdonen la catarsis y sencillez de expresión, pero a veces el tratar de escribir en prosa y con lenguaje rebuscado me dificulta externar la verdad. Se me terminó el espacio.

Tags:

  • demanda
  • desarrollo
  • corrupcion
  • honestidad
  • crecimiento

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