Movámonos en consonancia con la realidad tanto interna como externa

Estamos en un momento de la realidad global en que los contrastes y las contradicciones están a la orden del día más elocuentemente que nunca.
Enlace copiado
Movámonos en consonancia con la realidad tanto interna como externa

Movámonos en consonancia con la realidad tanto interna como externa

Movámonos en consonancia con la realidad tanto interna como externa

Movámonos en consonancia con la realidad tanto interna como externa

Enlace copiado
Dicha elocuencia deriva en buena medida de que por obra de la expansión impresionante de la comunicación los hechos que pasan en cualquier parte son conocidos al instante en todas partes; pero también hay que tomar en cuenta que la globalización disuelve fronteras en forma constante, y eso hace que haya cada vez menos disfraces disponibles para esconder fenómenos reales. Ahora los desafíos y las oportunidades recorren el mapamundi, sin los artificiosos repartos que imperaban en la era de la bipolaridad mundial.

Todo lo anterior implica que nadie es ajeno a los movimientos que se van produciendo en forma acelerada. Tenemos, para el caso, el tema del petróleo. Desde siempre, la riqueza petrolera y la necesidad de adquirir dicho recurso natural estratégico vienen siendo puestas al servicio de intereses específicos. Los países productores se han acostumbrado a vivir de su riqueza enterrada, casi sin proponerse nada más; y los países necesitados de dicho recurso han tenido que someterse a la dependencia, de diversas maneras y en distintos grados. Pero en estos momentos hay un sismo global al respecto. La tecnología puesta al servicio de la extracción en Estados Unidos ha detonado un trastorno geopolítico, con irradiaciones mundiales. Países como Venezuela y Ecuador andan hoy en busca de dinero para sufragar los excesos populistas que les permitía su bonanza petrolera. Y los problemas de la economía general hacen que el panorama se complique aún más, con efectos imprevisibles.

Para un país como el nuestro, cuya dependencia de la importación de petróleo es absoluta, la vertiginosa caída de los precios, que además se prevé por tiempo prolongado, aunque nunca hay que hacer cuentas alegres, es un gran respiro en lo tocante a nuestra abultada factura petrolera, lo cual redunda en importante disponibilidad de recursos para otros fines. Para el Gobierno la cosa es más compleja, porque afecta los ingresos, ya de por sí en estado crítico. Pero en todo caso, habría que tomar el hecho como una fuente de oportunidad que reduzca el trauma de un eventual e indispensable replanteamiento de las políticas financieras públicas.

Más allá de cualquier posicionamiento político o ideológico, y de cualquier manejo preelectoral, lo que los datos y las circunstancias de la realidad nos están poniendo sobre la mesa día tras día es el imperativo de ordenar el rumbo tanto en lo político como en lo socioeconómico. Tendría, en primer lugar, que haber claridad consensuada sobre cuál tendría que ser ese rumbo que el país requiere para entrar en serio en ruta de desarrollo. No es cuestión de estar debatiendo por centésimas de punto en lo que se refiere al crecimiento: lo que hay que hacer es tomar la situación nacional como objeto de análisis desapasionado; y, desde ahí, mover voluntades y generar propuestas que conduzcan al fin buscado, que es la meta de país con todos sus componentes en ordenada perspectiva.

En El Salvador tenemos que plantearnos de inmediato nuestras posibilidades reales de hacernos competitivos en un escenario tan abierto como el actual. Hemos venido insistiendo en lo imperioso que se nos vuelve definir nuestras apuestas productivas, conforme a las condiciones propias e internacionales. Es decir, hay que plantearse la productividad con vías a la competitividad según sean nuestras ventajas comparativas y nuestras limitaciones propias. La teoría de la “ventaja comparativa” desde luego no es nueva, ni mucho menos.

Ya hace casi dos siglos, en 1817, el economista inglés David Ricardo planteó dicha teoría, en abono a la racionalidad del fenómeno productivo. Para un país como el nuestro, poner esto en práctica no es opcional, si de veras queremos actuar con responsabilidad y con visión, que nos conduzcan a propicios horizontes de futuro. Es como si la realidad nos estuviera diciendo, en plan de tutora insobornable: “Déjense de neuras infantiloides y actúen como adultos consecuentes”. No hay que perder más tiempo para empezar a actuar en esa línea.

Tags:

  • david escobar galindo
  • palestra

Lee también

Comentarios

Newsletter