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¿Mover o avanzar?

Si usted sujeta un lápiz entre sus dedos y escribe sobre un papel, es porque existe en la naturaleza una fuerza contraria al movimiento llamada fricción. La fricción que hay entre sus dedos y el lápiz hace que pueda agarrarlo, la fricción que hay entre la punta del lápiz y el papel en el que escribe hace que pueda escribir.

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Carlos Melara Ramírez

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Entre otras cosas, la fricción que hay entre la suela de su zapato y la superficie por la cual camina hace que pueda caminar; la fricción que hay entre las llantas del bus y la superficie de la calle hace que este pueda frenar; la fricción que hay entre las yemas de sus dedos y la superficie de la pantalla de su celular hace que pueda usar dicho aparato. Y así, incontables actividades cotidianas que no podríamos realizar sin la existencia de esta fuerza de la naturaleza contraria al movimiento llamada fricción. Es tan fundamental que, en ausencia de ella, nada avanza y, con exceso de ella, nada se mueve.

En política sucede algo similar con una característica de los sistemas de partidos políticos que –entre otras– resulta fundamental para la democracia de cualquier país: la polarización. Si la fricción nos induce insoslayablemente a la idea de movimiento, la polarización nos da luces sobre las preferencias ideológicas de las personas tomadoras de decisiones de país, que abonan a consensuar políticas que favorezcan las acciones de un Estado o, por el contrario, las dificultan.

La existencia de la polarización en la política es igual de fundamental que la existencia de la fricción en la naturaleza: con poca presencia de ella, los acuerdos políticos se toman más fácilmente, y con exceso de ella, lograr consensos y tomar decisiones se dificulta más. La polarización –en conjunto con otros factores– puede llegar a aportar, pero sobre todo, interferir o entorpecer el adecuado funcionamiento de un sistema de partidos políticos, afectando la calidad y estabilidad del sistema político y, en definitiva, debilitando la democracia de cualquier país. La polarización puede hacer que las ruedas del sistema giren, pero no avancen, patinen.

El conflicto –bien manejado– siempre ha sido una ventana, una oportunidad para mejorar aquello que lo está ocasionando, siempre y cuando las partes involucradas posean un mínimo de conocimientos, de voluntad política y de tolerancia para emprender una solución en conjunto. Es claro en la naturaleza que ante un exceso de fricción nada se mueve y es claro en la política que ante un exceso de polarización en un sistema de partidos, todo consenso se dificulta, por lo que reducir los niveles de polarización de cualquier país es muy recomendable; sin embargo, es irresponsable y poco inteligente orientar esfuerzos para despojar o eliminar del sistema de partidos políticos la polarización. Pregonar esto es básicamente desear que el bus cargado de pasajeros no pueda frenar, algo que, a todas luces, es peligroso.

Tags:

  • fricción
  • política
  • polarización
  • conflicto
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