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Mr. Trump y nuestro querido El Salvador

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Ingeniero MBA, MscJoaquín Villalobos, el excomandante guerrillero cuyas manos están manchadas de sangre salvadoreña, dice –según un periódico digital– que la debilidad institucional permite a ricos del Triángulo Norte vivir como reyes en un basurero, ¿y de qué basurero está hablando? De nuestro querido El Salvador, tierra que con su sangre ha “financiado” los logros del ahora “intelectual” exguerrillero.

Mr. Donald Trump se refiere a nuestro querido El Salvador como un “shithole”, cuyos habitantes no merecen emigrar a Estados Unidos... los de Noruega sí son bienvenidos; sin embargo, no hay evidencia alguna de miles de noruegos haciendo fila para trabajar de sol a sol en los campos de California recogiendo lechugas por un centavo por cabeza; o trabajando por destajo cosechando tomates, a 40 centavos por cubeta, para ganar $50 deben cosechar dos toneladas de tomates (125 cubetas), en jornadas de 12 a 14 horas diarias.

Mr. Trump olvida su pasado no de tan sangre azul. Su madre, Mary Anne MacLeod (1912-2000), nació en Tong, una pequeña isla en Escocia, hija de un pescador, Malcolm MacLeod, y de Mary MacLeod. A los 17 años, emigró a Estados Unidos, trabajando como doméstica en Nueva York, donde conoció a Fred Trump y contrajeron matrimonio en 1936. Mary, la madre del ahora presidente Trump, adoptó la ciudadanía norteamericana en 1942. Como siempre he dicho “no hay peor capataz que el que ha sido esclavo”.

Pero ¿y nuestro querido El Salvador? Hablaba con un ejecutivo de un banco radicado en nuestro país, quien decía que aun si lo despedían él no regresaría a su nativo Canadá; un señor colombiano maravillado por lo que él llama “las innumerables oportunidades en nuestro país”; pregúntese, estimado lector: ¿Cuántos inmigrantes pobres conoce? Basta con ver algunos de los candidatos a presidente: Calleja de inmigrantes españoles, Simán de inmigrantes palestinos. ¡Hmm! Esto no me huele ni a basurero ni a “shithole”. El punto es que el debate debe de ser basado en hechos y no en las opiniones particulares de algunos poderosos, eruditos o depresivos maniacos.

¿Hay discriminación en Estados Unidos? Ni lo dude, pero la respuesta institucional es contundente, se combate agresivamente. ¿En qué país, de esos que llaman desarrollados, puede ser presidente de la República el hijo de un inmigrante de raza negra, de padre musulmán, de madre blanca? Es sorprendente el avance de esta gran nación en materia de derechos civiles.

No es hace mucho que vaciaron la piscina del casino, y hasta la repintaron, solo porque la estrella del show, cantante de raza negra, había metido el pie en el agua; que aquella otra señora negra rehusó sentarse atrás en el bus. Tampoco es hace mucho que en Boston se leían rótulos como “Se necesita ayudante... irlandeses no aplicar”, o en restaurantes “No se admiten gente con perros o irlandeses”; en Nueva York un periódico de alta circulación se refería a personas de descendencia italiana como “a herd of steerage slime” (manada de sustancia babosa de tercera clase).

Tomemos esta oportunidad no para mostrar lo ofendidos que estamos sino para reflexionar sobre nuestra sociedad, nuestros propios prejuicios y estereotipos, pongamos nuestras barbas en remojo, y mejoremos lo que tenemos, nuestro querido El Salvador se lo merece.

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