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Mr. Trump y nuestro querido El Salvador (II)

El posible escenario de una repetición del hoy tan de moda populismo aquí en nuestro querido El Salvador es real. Las condiciones para el surgir de un mesiánico trastornado de corte populista son cada día más palpables.
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Los partidos políticos no representan los anhelos de la población, la brecha entre los valores de su fundación y los de ahora es enorme. Su comportamiento no genera confianza, ¿el común denominador? El trato del erario como propio y el resultante encubrimiento desde todo ángulo y esfera imaginable. Examinaremos a grandes rasgos lo que se nos viene en términos de los efectos de las nuevas políticas idiosincráticas de Mr. Trump.

La política económica norteamericana, de 2017 en adelante, se afinca en tres pilares: la repatriación de los enormes capitales corporativos incentivados con garrote (sanciones) y zanahorias (incentivos fiscales); la desregulación de la banca, específicamente la derogación de la Ley Dodd-Frank (Ley de Reforma de Wall Street y Protección al Consumidor Dodd-Frank), firmada por el presidente Barack Obama el 21 de julio de 2010; considerada como la regulación al sistema bancario más agresiva desde la Gran Depresión, diseñada para evitar casos como el de la burbuja hipotecaria; y la multibillonaria inversión en la infraestructura nacional. El efecto de esta última será el encarecimiento de la adquisición de deuda soberana.

Estados Unidos tendrá que prestar en los mercados capitales para financiar los grandes proyectos de infraestructura; esto, combinado con la calificación país a la baja, hará la deuda soberana salvadoreña difícil de colocar y más cara si se coloca.

Las recientes experiencias del GOES en términos de la colocación de deuda no auguran nada bueno: la emisión de 100 millones de LETES y solo se vendió un millón, no se pudo conseguir un préstamo puente sobre los 550 millones de deuda ya aprobados, la emisión de 55 millones de LETES y se vendieron ¡cero! Estos factores agravarán la crisis fiscal del Gobierno salvadoreño. La única solución es la reducción drástica del gasto, lo que inevitablemente nos llevará a cierta inestabilidad social, estallidos por aquí, estallidos por allá, dependiendo a quién se afecte.

El repunte de los Mercados Capitales norteamericanos –Dow Jones, S&P 500, Nasdaq– refleja confianza en las políticas anunciadas, las que, combinadas con la intención de la OPEP de reducir su producción para incrementar los precios, ciertamente auguran que lo mejor para EUA está por venir. Paradójicamente, el mayor beneficiario del incremento del precio del crudo es Estados Unidos, nadie está celebrando con más entusiasmo las nuevas tendencias de precios al alza como la industria de esquisto de EUA, tienen la sartén por el mango: a medida que suban los precios, su producción establecerá los techos.

En términos de emigración, las noticias son buenas, habrá trabajo en el norte, ya se detecta el cambio de postura de Mr. Trump, los “Dreamers”, citó “necesitamos mano de obra”, como también se escuchan los temores de las industrias norteamericanas. ¡No! a las deportaciones masivas, el impacto en agricultura, turismo (hoteles, etcétera), industria de baja tecnología, sería desastroso.

El auge económico que auguran los mercados capitales requerirá de mano de obra en una economía cuyo desempleo está por debajo de lo que muchos consideran empleo pleno, ¿de dónde saldrá la mano de obra? De nuestro querido El Salvador, entre otros.

La política norteamericana hacia nuestros migrantes siempre ha sido bífida. ¡No vengan! Pero si cruzan el río... aquí les tenemos un trabajito. Lo que se necesitará son políticas migratorias sensatas, inteligentes, que no sentencien a nuestras familias a su desintegración, de beneficio mutuo.

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