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Muerte de Fidel: Tiempo de emociones

La muerte del divinizado comandante Fidel Castro ha desatado mundialmente emociones encontradas, desde las lágrimas derramadas en Cuba hasta las explosiones de alegría de los exiliados en Miami.
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Muerte de Fidel: Tiempo de emociones

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Es complejo analizar su legado, pero sí puedo decir que mi país lo sufrió en carne propia, tanto mi familia como mi generación, porque generó tremendas injusticias bajo la guerra fratricida de 12 años de El Salvador. Esta tuvo en gran parte su origen en las ideas del Comandante cubano, que a su vez estaban cimentadas en “la retórica populista entroncada con la concepción marxista de la sociedad, la cual ve en el conflicto el rasgo dominante de las relaciones sociales”. Juan Meseguer.

Castro tenía una autoestima abultada y leía las emociones del pueblo para manipularlas hacia sus objetivos. Para no caer en ese mismo error, creo que se hace necesario aprender a educar las emociones (inteligencia emocional, IE) y cultivar una sana autoestima, simultáneamente instruirse en la ética para no aprovecharse de los demás ni caer en la corrupción ni la dictadura.

Un ejemplo mal uso de la inteligencia emocional se da cuando alguien inteligente en una posición de prestigio y de responsabilidad en la sociedad, en la política o en una empresa, considera que por sus cualidades o dones es mejor que los demás. Si se cree y se siente más importante de lo que es, esperará que sus amigos, familia, colegas, subalternos y clientes le traten de acuerdo con la opinión grandiosa que se ha formado de sí mismo. Pero ese trato no sucederá obviamente. Este error de sobreestimación le hará sufrir porque las expectativas que se ha formado de acuerdo con ese conocimiento erróneo de sí mismo, no se satisfarán, lo que dificultará su adaptación a la realidad. Existe la trampa de pensar que la autoestima es un sentimiento que depende por completo de lo que cada quien se proponga ser y hacer. Cuanto mayor sea el éxito esperado y no alcanzado, más baja será la autoestima; cuanto menor sean las aspiraciones o mayores sean los logros, mayor será la autoestima conseguida; esta confusión lleva a pensar que uno vale de acuerdo con cómo se sienta con las cosas que tiene: ya sea feliz, frustrado, deprimido, apasionado, entusiasmado, etc. (Dr. Aquilino Polanio-Lorente, en su libro, “En busca de la autoestima perdida”).

Para recuperar la autoestima sana en los casos de sobrevaloración (complejo de superioridad) o en los de infravaloración (complejos de inferioridad) por falta de logros y sentimientos, se sugiere aprender a conocerse y conocer nuestros sentimientos. Hay muchas ventajas en educarse emocionalmente a través de aprender habilidades cognitivo-emocionales. Es beneficioso saber detectar o anticipar las reacciones emocionales en otras personas como reacción a lo que nosotros hacemos o dejamos de hacer, así como aprender a dominar la ira y enseñar cómo hacerlo en los colegios a los niños desde pequeños, para que crezcan con una cultura que haga un uso inteligente de las emociones. Úrsula Oberst, profesora titular de Psicología Clínica en la Universitat Ramon Llull. Además, se evita la “sentimentalización del debate público”, que llevaría a poner en marcha un proceso de vaciamiento del Estado de Derecho, donde las emociones acaban teniendo más peso que la seguridad jurídica, el equilibrio de poderes, las instituciones y las leyes. (Filósofo Gabriel Albiac).

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