Mujer: detonante de innovación

Múltiples estudios de organismos y tanques de pensamiento prestigiosos señalan constantemente: promover la participación de la mujer en la sociedad, la empresa y la política aumenta la innovación en los grupos de trabajo talentosos. Esto a su vez produce capital social y humano, esenciales para el desarrollo sostenible. ¿Por qué entonces no llegan más mujeres a la alta dirección en los diferentes sectores?
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<br /><p>El debate enriquecedor ha comenzado. Algunas respuestas las escuché recientemente en ponencias y conferencias expuestas en eventos diferentes: un seminario llevado a cabo en Miami, Coral Gables, organizado por IPADE y la IAE, escuelas de negocios de México y Argentina respectivamente, bajo el título “Mujer y Alta Dirección” (participamos 60 mujeres provenientes de América Latina). Los otros insumos provinieron del octavo congreso Mujer y Liderazgo organizado por la Cámara de Comercio, en el que a través de los testimonios de casos de éxito, como los de doña Lya de Castaneda y Gloria Rubio, se conocieron las claves para transitar de un micro emprendimiento hacia uno de nivel de empresa global. Conocer sus historias hace mayor conciencia de la importancia de promover los talentos femeninos y de la urgencia de facilitar la creación de una cultura de cooperación y corresponsabilidad masculina y femenina en el hogar, el trabajo, la política...</p><p>Redescubrir lo que el genio femenino es cuestión de sentido común y de negocio, facilita que los hombres revaloren su propia identidad masculina, reconociendo ambos sexos la necesidad de convivir para enriquecerse y no para competir o discriminar al otro género. Esta nueva corriente ayuda a superar a los paradigmas de hace dos siglos, en los que se ponía más énfasis en las diferencias sin aceptar la igualdad, dividiendo la tarea laboral externa como exclusiva del hombre y la del hogar como de la mujer (primer feminismo). Hasta hace pocos años, el estilo masculino de dirección de negocios fue mayormente apreciado, dejando la sensación que la maternidad o reproducción era un lastre para ascender en la jerarquía corporativa o política. Antes se tenía la tradición negativa de acentuar la Igualdad sin hacer diferencia entre hombres y mujeres, lo que propiciaba la asimilación de lo femenino a lo masculino en desprecio a aquellas. En los dos escenarios se sobrevaloraba lo público en perjuicio y rechazo de lo privado (familia).</p><p>Afortunadamente, la crisis por falta de innovación y creación de valor en el interior del sector empresarial ha generado el debate por hacer las cosas de forma diferente. En orden a retener y atraer a los jóvenes talentos de la Generación “Y” (de ambos sexos), los dirigentes han escuchado el mensaje de que plantean con su concepción del éxito unido a la felicidad. Además, han entendido el cambio que ha creado la entrada masiva de la mujer al mundo laboral.</p><p>El nuevo paradigma cultural es realista porque nos sitúa en el punto adecuado para apreciar la Igualdad en la diferencia entre ambos géneros, consecuente asegurando en los ambientes corporativos tanto la innovación como la creación de valor compartido. La reciprocidad y diversidad es ahora un imperativo dentro de las empresas para asegurar la productividad y la sostenibilidad. Entonces como país, al subirnos a esta tendencia, diremos “¡sí se puede!” (Mayu B. de Ávila en la conferencia impartida como invitada especial en Miami) </p><p>&nbsp;</p>

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